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¿Se puede ganar a Podemos para la política de clases?

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Podemos, la expresión de lo que se ha denominado "la nueva política" en España, acaba de celebrar su primera Asamblea ciudadana; la apertura de un largo proceso de un mes de duración para decidir sobre la organización del partido, sus políticas y candidaturas para las elecciones generales y municipales del próximo año. Dirigiéndose a más de 8.000 personas en el Palacio de Vistalegre, un pabellón de baloncesto en el centro de Madrid, Pablo Iglesias, el líder más prominente del partido, declaró:
"Ya no somos un movimiento ciudadano, somos una fuerza política. No nos conformamos con haber llegado hasta aquí, con quedar los segundos en las elecciones generales. Hemos salido a ganar y por eso tienen miedo".

Pablo Iglesias presentó su "documento ético", que define a Podemos como " una herramienta de la ciudadanía para acabar con la corrupción

En las elecciones del 25 de mayo al Parlamento Europeo, sólo dos meses después de su fundación, Podemos obtuvo 7,9 por ciento de los sufragios, 1,25 millones de votos y 5 escaños. Los dos grandes partidos españoles combinados, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Popular (PP), obtuvieron menos del 50 por ciento de los votos, muy por debajo del apoyo que recibieron en 2009 que alcanzó el 81 por ciento. Esto indica la gravedad de la desilusión de la "vieja política" que ha dominado el país desde la restauración de la democracia después de la era de Franco, en 1977.

El crecimiento de Podemos no es sino una expresión, de lo más inesperada, del giro a la izquierda en la escena política española. Otro indicador fue el aumento en el voto de Izquierda Unida cuya lista, con los Verdes y otros partidos, obtuvo el 10,03% con 1.575.308 votos, ganando los 6 escaños. En 2009, IU había obtenido 588.248 votos, 3,7% y 2 escaños.

Según la más reciente encuesta de opinión, realizada para el diario El País el día 2 de noviembre, Podemos podría alcanzar el primer puesto con un 27 por ciento, el PSOE sería segundo con el 25,5 por ciento, mientras que el partido en el gobierno, el PP, se desploma hasta solo el 20%.

La base objetiva para esto es la persistente crisis económica en España. La tasa de desempleo ha estado alrededor del 25 por ciento desde 2012 y está por encima del 53,7 por ciento en los jóvenes menores de 25 años y no hay señales de luz al final del túnel. Muchas personas perdieron sus casas en la crisis de las hipotecas y multitud de jóvenes han tenido que salir al extranjero en busca de trabajo. Las medidas de austeridad, impuestas por la Unión Europea y ejecutadas por igual por los gobiernos de PSOE y PP, han arrojado a la pobreza y al desempleo de larga duración a millones de españoles.

A esto debe añadirse la traición del PSOE a sus votantes. En agosto de 2011, mientras estaba aún en el gobierno, pacto con el PP de Rajoy, entonces en la oposición, la enmienda de la Constitución para prohibir los déficits presupuestarios, lo que descartaba los paquetes de estímulo contra-cíclico de cualquier futuro gobierno.

Esta prolongada crisis económica ha conducido a olas de luchas políticas contra lo que ahora se consideran, especialmente por los jóvenes, como los dos partidos de un sistema político corrupto. Esto, a su vez, ha llevado a lo que muchos llaman una "crisis de la democracia", un reconocimiento a gran escala de que la democracia, como se practica en España y, de hecho, en toda Europa, produce partidos que no ofrecen ninguna alternativa ni opción real, en un momento de enorme crisis económica y social.

Incluso cuando prometen explícitamente "el cambio", como el presidente socialista François Hollande en Francia, una vez elegidos presionan con la austeridad de la misma manera que sus predecesores conservadores. En efecto, el sistema parlamentario de alternancia entre dos partidos parece estar diciendo a la gente lo que dijo Margaret Thatcher en Gran Bretaña: Vota por cualquiera que te guste, no hay ninguna alternativa (There Is No Alternative TINA).

Los primeros signos de un importante rechazo a este sistema llegaron hace tres años. Bajo el lema ¡Democracia Real Ya! se produjeron ocupaciones masivas de las plazas por gente joven en toda España. Las más famosas fueron las de Madrid, en la Puerta del Sol y Barcelona, en la Plaça de Catalunya.

Este nuevo movimiento de masas se denominó como Los Indignados o El Movimiento 15-M (las protestas comenzaron un 15 de mayo). Surgieron además movimientos específicos contra diferentes aspectos de la gran recesión como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y el Movimiento por una Vivienda Digna.

En los años siguientes, sin embargo, aunque hubo muchas marchas (como las marchas de la Dignidad a principios de este año) e intentos de ocupaciones, los movimientos sociales fallaron en la tarea de minar la determinación de los partidos del sistema a la hora de hacer cortes. Las asambleas masivas, los movimientos sin líderes ni portavoces, continuaron sin logros objetivos.

Se hizo evidente a los participantes que solo la protesta no cambiaría las cosas, ni tampoco las asambleas temporales que anarquistas y libertarios vieron como prefigurativas de una nueva sociedad. Este impasse no fue exclusivo de España; todos los movimientos Occupy fracasaron en hacer ceder a los gobiernos o en crear cualquier expresión duradera de la nueva forma de democracia de la que los participantes hablaban.

Este callejón sin salida se produjo porque las masas de participantes o sus líderes "inexistentes" no pudieron, o no quisieron, intentar atraer a la masa de trabajadores sindicalizados, cuya acción industrial directa era la única que podría haber forzado a los políticos a hacer concesiones. Las marchas de mineros y otros sectores presentaron oportunidades pero también es cierto que los líderes de las principales federaciones sindicales, al igual que en otros países, bloquearon una huelga política general para derrocar a los gobiernos de la austeridad.

Así, en la primavera 2014, en España por lo menos, las cosas estaban maduras para una vuelta a la política (lo cual significaba elecciones) aunque ésta tendría que ser una "nueva" política, una política sin "profesionales", sin políticos, pero no, como se verá, sin líderes.

Las raíces intelectuales de la "Nueva política" de Podemos

Casi todas las personas del grupo que se ha convertido en el rostro público de Podemos son miembros de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón, ya habían adquirido protagonismo mediante un programa de debate en la televisión local, "La Tuerka", que se veía en todo el país gracias a las redes sociales y la web. En particular, el joven profesor Iglesias, lanzó un duro contraataque al PSOE y el PP por su corrupción, su fomento de la desigualdad social, sus encubrimientos de fraude bancario y rescates y su apoyo al programa de austeridad del FMI/BCE y sus devastadoras consecuencias sociales.

Iglesias, deliberadamente, se basó en lo que él consideraba argumentos de sentido común y lenguaje cotidiano que no era asociado particularmente con la izquierda o la derecha tradicional. Evidentemente su motivación era la noción de Gramsci de que la hegemonía social burguesa se encarna en "sentido común", un "discurso" que hoy hace parecer el pago de la deuda del estado a través de recortes sociales y salariales como algo normal, objetivamente necesario, neutral.

Pronto obtuvo un amplio seguimiento. La mayoría de los profesores de la Complutense venían de un entorno de izquierdas (Iglesias se había unido a las Juventudes Comunistas cuando tenía 14 años, Monedero fue asesor de Izquierda Unida), pero la mayoría también había pasado algún tiempo en Latinoamérica observando y participando en el movimiento bolivariano alrededor de figuras como Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa. De ellos, aprendieron el poder práctico de una movilización inter-clase de El Pueblo contra La Oligarquía; un antagonismo binario simple que los académicos reprodujeron en su "Ciudadanos contra La Casta".

También habían "aprendido" que una de las características tradicionales del libertarianismo español, expresada con claridad en los movimientos del 15M, tenía que ser abandonada: la hostilidad hacia los líderes. Íñigo Errejón lo expresó de este modo,
"También desafiamos el tabú de liderazgo. Según ciertas ideas liberales, pero también en otras que hunden sus raíces en la izquierda, un líder carismático es incompatible con la democracia real. Para Podemos, la utilización del liderazgo en los medios de comunicación de Pablo Iglesias era una condición sine qua non de la cristalización de la esperanza política que permitiera la agregación de fuerzas dispersas, en un contexto de desarticulación del campo popular."

Claramente lo que éstos académicos de izquierdas aprendieron en Latinoamérica fue el complemento necesario del populismo, el caudillismo, el foco sobre un líder carismático que se relaciona directamente con las masas y habla por ellos. El populismo pretende movilizar a las masas en cantidades enormes, abrumadoras, no a través de estructuras de partido y una pirámide de representantes, sino directamente por un líder reconocido o tal vez unos pocos líderes. Se legitima el líder por su "popularidad", expresada en reuniones de masas, mítines y la cobertura de los medios.

Hugo Chávez establecía la relación de esto con el poder con sus repetidas elecciones y referendos, sus asambleas para enormes masas y sus círculos bolivarianos. Los medios de comunicación social comprenden que Podemos ha utilizado las redes sociales e Internet como medio de hacer esto. A través de estos medios, sus líderes clave pueden ejercer una especie de plebiscito permanente.

Tanto el Chavismo clásico como Podemos confían en que las masas se sigan componiendo de individuos atomizados, o de pequeñas agrupaciones, mientras que los líderes tienen el privilegio de públicamente representar, desarrollar e iniciar políticas o elegir qué destacar entre las ideas que vienen desde abajo. Otros grupos políticos o tendencias dentro del movimiento son entonces vulnerables a la acusación de fraccionalismo, de no representar a la gente sino sólo a sus propios pequeños grupos. Esta es la demagogia, jugando con la ignorancia y el halago de los prejuicios de las masas atomizados, que es parte inseparable del populismo.

En Europa, los métodos abiertamente populistas han sido generalmente el coto de la derecha. En parte, esto es porque la clase obrera, la clase que inventó los partidos de masas y obligó a la burguesía a extender su democracia para clases privilegiadas al sufragio universal, crea un movimiento, sea un sindicato o un partido, basado en células o tendencias, en el cual las conferencias de sus delegados decidan la política y eligen un liderazgo colectivo.

Sin embargo, aunque esa estructura permite tanto la participación plena de los miembros del partido en la toma de decisiones como la responsabilidad de los líderes, de ninguna manera las garantiza. Las estructuras organizativas solas no podrían impedir que el movimiento sindical oficial, la Socialdemocracia y las federaciones sindicales importantes sean totalmente incapaces de articular la resistencia de la clase obrera contra la austeridad ni una alternativa política a la misma.

Fundamentalmente, esto era así porque los programas de estos partidos políticos aceptaron la existencia del capitalismo y vieron la prosperidad capitalista, o al menos su estabilidad, como la condición previa para cualquier reforma. En consecuencia, aceptaron la necesidad de aplicar programas de austeridad aunque significaran atacar los intereses de sus propios partidarios. Como resultado, cuando esos seguidores comenzaron a volverse contra sus partidos, muchos rechazaron no sólo las políticas, sino también las tradiciones y métodos organizativos que los habían construido.

Aunque muchos de ellos provienen de un pasado en IU, Iglesias y el equipo detrás de Podemos han capitalizado esto evitando totalmente el lenguaje del socialismo. En lugar de referencias a la clase y reconocer a los trabajadores como el principal agente de cambio, hablan en términos de "el pueblo" y "los ciudadanos". Son igualmente imprecisos sobre la cuestión de quién es exactamente el enemigo contra el cual el pueblo se va a reunir.

Retomando el eslogan del de 15-M "no nos representan", que fue dirigido contra la "casta" de políticos profesionales, han intentado desarrollar métodos que trasciendan los de la política oficial y, como repetidamente dicen, también la política de izquierdas. Ellos creen que de esta manera pueden, rápida y fácilmente (el año que viene), ganar una mayoría parlamentaria. Así, en el Palacio de Vistalegre, Iglesias pudo decir, "les diremos que queremos ocupar el centro; donde existe una mayoría política que cree en la decencia".

En realidad, esto no es una sofisticada estrategia "contra-hegemónica", de hecho, no es ni nueva. Conscientemente o no, es una rendición al culto del centro, la llamada "tierra media", que significa, al final, las clases y capas medias. La creencia de que "la gente decente" que suele votar a la derecha puede ser persuadida evitando la vieja terminología de derecha e izquierda, de clase obrera y capitalistas, es una trampa o una ilusión. Es una trampa si significa que Podemos limita su programa a lo que sea aceptable para esos votantes. Es una ilusión si Iglesias y los suyos creen que la gente ganada de tal manera seguirá apoyando un gobierno de Podemos cuando las cosas se pongan serias y los capitalistas comiencen a utilizar todo su poder económico contra él.

De hecho, ya se parece más a lo primero. Donde Iglesias había hablado previamente de la anulación de la deuda, la propuesta respaldada en la Asamblea Ciudadana se refiere solamente a una "reestructuración ordenada" de la misma. Bibiana Medialdea, la profesora de economía encargada de presentar la propuesta sobre finanzas, enunció la nueva posición: "el objetivo no es no pagar la deuda, sino volver a un nivel de endeudamiento y un enfoque sostenible que permitiría una recuperación del bienestar de la población."

Las unidades de base de Podemos

Aprendiendo del papel desempeñado por los círculos bolivarianos de Chávez, el nuevo movimiento ha creado una red de círculos Podemos en localidades e instituciones y para diferentes sectores y problemas sociales: círculos de desempleo, discapacidad, LGBT, feminismo, pensionistas, salud, periodismo, transportes, ecología, etc.

"Son espacios para terminar con el miedo, la fragmentación y la resignación, para construirla unidad popular y de los ciudadanos, contra el empobrecimiento y el secuestro de la democracia. Desde los círculos defendemos cuestiones de sentido común: somos ciudadanos y tenemos derecho a tener derechos; a vivir sin miedo; a la atención a la salud, la educación, la jubilación y la protección social; a la tierra y al territorio; al empleo; la cultura; a desarrollarnos como individuos y como pueblos; de manera que nadie nos mienta, de manera que nadie nos maltrate; para que nadie nos cargue con deudas; para que nadie nos robe.”

Cristina Flesher Fominaya, autora del libro Movimientos Sociales y globalización (mayo de 2014) describe así la metodología de Podemos
"Esta comunicación ha permitido que los ejes básicos de la representación clásica sean desbordados: la forma de partido; la cultura de la militancia; el eje izquierda/derecha; la concepción intransitiva de la relación entre los representantes y los representados; y una idea de identidad política que depende de la definición de un tema que es más o menos dado. Podemos ha logrado jugar más allá de cada uno de estos ejes, sentando las bases para una relación triangular entre la participación ciudadana, las luchas sociales y la expresión de las demandas en las instituciones, que va más allá de la democracia representativa y permite una profunda transformación de la vida política, económica y social."

Desde el punto de vista de Iglesias y su agrupación "Claro que Podemos" de los dirigentes de Podemos, esta forma de organización ya ha dado generosamente sus frutos. En la votación on-line de las estructuras organizativas, su propuesta de tener un solo Secretario General como líder del partido obtuvo una mayoría aplastante con el 80,7 por ciento de los votantes. Sus principales oponentes, "Sumando podemos” propusieron una Secretaría de tres personas y uno de sus líderes, Jesús Rodríguez, definió así sus objetivos: "tenemos el apoyo de muchas personas que quieren mantener la pluralidad del proyecto. Y hay muchas personas que quieren un liderazgo con contrapesos muy diversas y plurales".

Iglesias prestó poca atención, declarando que "el cielo no se conquista por consenso sino por asalto". Su segunda propuesta organizativa, también exitosa, consistió en que ningún miembro pudiera presentarse a las elecciones al "Consejo Ciudadano", que es elegido por dos años como órgano de dirección entre Asambleas, si también fuera miembro de otra organización. Esto apuntaba, muy claramente, a los miembros de Izquierda Anticapitalista sección española del Secretariado Unificado de la IV Internacional.

Los miembros de IA no son sólo fundamentales para Sumando, sino que también proporcionaron la mitad de los signatarios del llamamiento original para la fundación de Podemos y escribieron el programa de las elecciones europeas en las que lo hicieron tan bien y en las que dos de sus miembros, Teresa Rodríguez y Pablo Echenique, fueron elegidos como diputados. Ahora, IA ha pagado el precio por acomodarse a Iglesias desde la fundación del partido.

¿Es Podemos el camino correcto a seguir?

Podemos plantea preguntas importantes a los grupos de la extrema izquierda. ¿Es la "nueva política" defendida por los líderes de este joven partido un modelo a seguir para los demás? ¿Representa una alternativa política real para la clase trabajadora española y la juventud en la lucha contra la crisis capitalista y sus consecuencias? Por encima de todo, ¿qué significa para el movimiento existente de los trabajadores y para los revolucionarios trabajando dentro del mismo?

Estas preguntas son especialmente importantes porque Podemos desarrolla un proyecto fundado por profesionales académicos. ¿Es, por tanto, sólo un proyecto diseñado por intelectuales para "las masas" o tiene el potencial de convertirse en un partido de masas, y eso significa, ante todo, de la clase obrera? ¿Tiene en realidad conexiones con la clase obrera?

Todavía escasean los estudios sobre el terreno de demografía de Podemos. En el artículo “Just who are Podemos?” disponible en la página web Opendemocracy.net, Fernando Betancour, un "liberal económico y político" norteamericano intenta extraer algunas conclusiones de las encuestas de votantes de Podemos y de aquellos con la intención de votarles. Concluye:

"De acuerdo a la información demográfica proporcionada por las encuestas de intención de voto podríamos hipotetizar que los votantes de Podemos son de mediana edad o más jóvenes, sobre todo urbanos, de entornos más adinerados que el promedio. No son, en promedio, más propensos a ser desempleados o desposeídos ni económicamente marginados. Éste no parece ser un grupo de proletarios, ciertamente no los lumpen, como el Sr. Iglesias se ha referido a ellos en forma denigrante en una entrevista, sino personas de clase media. Y, si no están desempleados ni sin hogar, sí están molestos por otros problemas: corrupción, elitismo político, insensibilidad del gobierno, injusticia percibida."

Esto no debería ser ninguna sorpresa ya que los portavoces más destacados de Podemos, como hemos visto, tratan muy concienzudamente de evitar el lenguaje o los símbolos del movimiento obrero. Para ellos, todas esas referencias son el lenguaje de "la casta" y así deben ser arrojadas sin contemplaciones al cubo de la basura.

Tampoco es sorprendente que el programa de Podemos no sea realmente más radical que el de la socialdemocracia antes de su capitulación al neoliberalismo. Su programa para las elecciones europeas es claramente un programa mínimo de izquierda reformista que no va más allá de exigencias como una auditoría de la deuda, unos ingresos mínimos o la renacionalización de sectores de la economía estratégicamente importantes privatizados y la nacionalización de las industrias claves. Promete acabar con los paraísos fiscales, establecer un ingreso mínimo garantizado y bajar la edad de jubilación a los 60. Todos buenos puntos, pero ciertamente no es un programa anticapitalista.

La lucha por esas exigencias ciertamente debe ser impulsada hacia adelante, pero la pregunta más importante es si, y cómo, esto puede conectarse con la lucha por el traspaso del poder a la clase obrera.
Para superar las ilusiones reformistas y dar a la clase obrera española un programa independiente de clase, las diversas corrientes anticapitalistas dentro de España, dentro de Podemos o fuera de él (dentro es más sensato) deben usar el dinamismo y el flujo alrededor de Podemos para luchar por conseguir que el nuevo partido trascienda sus narrativas no-socialistas y populistas y tome una trayectoria revolucionaria y un programa revolucionario.

Esto significa necesariamente escapar de las estructuras plebiscitario del partido; conferencias con miles de participantes y cien mil votaciones en línea puede sonar muy democrático pero en realidad se privilegia a los líderes reconocidos, especialmente aquellos con un alto perfil mediático. Si, al mismo tiempo, las tendencias organizadas preexistentes son menospreciadas o excluidas, esto sólo empeorará las cosas. Las grandes conferencias masivas, como la burocracia Soviética descubrió, son mucho más fáciles de manipular. Dar a ciudadanos que no están activos dentro del partido el mismo derecho que a los que sí están no es una forma superior de democracia sino, potencialmente al menos, un arma contra ella.

Sin lugar a dudas, en toda Europa, la experiencia de nuevos partidos cuyo crecimiento ha creado la posibilidad de alcanzar el gobierno ha demostrado que cualquier euforia ciega basada en una elección o encuestas de opinión estaría fuera de lugar. Las elecciones europeas, después de todo, no plantean la cuestión de quién formará una administración. En ellas, los votos son principalmente una expresión de lealtad a los partidos nacionales o de protestas contra ellos o, de hecho, contra la dirección del "proyecto europeo en su conjunto". Las elecciones nacionales, por el contrario, tratan totalmente sobre quién debería gobernar en realidad.

La experiencia de Rifondazione Comunista en Italia en la última década demuestra que cualquier partido que no tenga un punto de vista de clase claro e independiente capitulará, al fin y al cabo, a las limitaciones constitucionales de la sociedad burguesa existente.

Para Podemos, como para otros partidos como Syriza en Grecia, unas elecciones plantearán probablemente de manera inmediata la cuestión de la coalición. Iglesias ha dicho que Podemos no iría en coalición con ningún partido de "la casta". Puesto que esto incluye no sólo al PSOE sino también a Izquierda Unida, sólo podría haber dos alternativas: la formación de un gobierno en minoría para tratar de implementar el programa del partido, o permitir que otros partidos formen una coalición, bien de partidos de derecha o bien una "gran coalición" entre los tradicionales partidos de la izquierda y la derecha, los principales representantes de "la casta".

Claramente, un gobierno minoritario tendría la oposición no sólo del Parlamento sino de los bancos, de los organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial, de todas las grandes corporaciones y, por supuesto, de todos los medios de comunicación. Habría una inmediata fuga de capitales y confusión en los mercados bursátiles. Si este gobierno no fuera capaz de llamar a las fuerzas extraparlamentarias ya organizadas para contrarrestar estos ataques, no sólo a través de manifestaciones sino por la incautación de bienes y la imposición del control obrero, y si anteriormente no hubiera garantizado la absoluta unanimidad interna, dicho gobierno no duraría mucho tiempo.

A primera vista, la estrategia Podemos de excluir cualquier coalición puede parecer radical, un decidido rechazo de todo lo que representan los antiguos partidos de "la casta". Iglesias deja muy claro que su objetivo es una victoria electoral inmediata, un gobierno de mayoría. El rechazo, por adelantado, de cualquier coalición, incluso con IU o elementos anti-austeridad dentro de PSOE, pretende convencer a los votantes de esos partidos para que transfieran su lealtad a Podemos. Sin embargo, puesto que el programa de Podemos no es cualitativamente superior al de IU, esta intransigencia no está basada en principios sino que es sectaria.

Por otra parte, cuando se despojó de la retórica, ¿en qué se convierte todo esto sino en la creencia más naif en la democracia parlamentaria? La suposición subyacente de los dirigentes de Podemos es que la precondición fundamental para derrotar a "la casta" y el sistema que defiende es ganando una mayoría de escaños en el Parlamento. Sin embargo, un gobierno de mayoría de Podemos enfrentaría los mismos enemigos y la misma hostilidad que un gobierno minoritario. Incluso si fuese capaz de mantenerse unido frente a un torbellino de oposición a nivel nacional e internacional, no serviría de mucho ser capaz de ganar una votación en el Parlamento si los mercados de dinero niegan categóricamente cualquier crédito al gobierno español o a las empresas y bancos españoles.

En realidad, tal y como deja bien claro la "flexibilidad" que el equipo Iglesias–Monedero ha mostrado sobre la cuestión de negarse a pagar la deuda externa, un gobierno de Podemos se volvería atrás rápidamente y limitaría su política a lo que fuera "posible" y "aceptable". Lo que es peor, no importa cuántos Círculos se han organizado, si sólo tienen enlaces directos, de arriba a abajo, con los dirigentes de Podemos y sin los medios de coordinación o decisión política entre ellos mismos, serán incapaces de evitar que el liderazgo realice este giro de 180 grados.

No obstante, aunque el liderazgo de Iglesias se ha consolidado claramente a través de la Asamblea Ciudadana y los procedimientos de votación en línea, Podemos todavía tiene menos de un año de edad y su carácter final no está decididamente resuelto. Las elecciones parlamentarias en la que Iglesias está apostando todo están todavía a más de un año vista y no habrá escasez de episodios y problemas que podrían deslustrar sus laureles. Mantenerse aparte de la formación de este partido significaría un autoaislamiento sectario de decenas de miles de militantes de los movimientos sociales y de sectores de vanguardia de la clase obrera; autoaislamiento de la parte políticamente más avanzada y dinámica de la izquierda española.

Un programa de acción revolucionaria

Durante el próximo año, a medida que Rajoy y el gobierno del PP profundizan las medidas de austeridad, los revolucionarios deben centrar sus esfuerzos en luchar, preferiblemente dentro de Podemos, por un giro hacia la intervención en la lucha de clases en contraposición a una fijación sobre las perspectivas electorales.

Necesitan desarrollar un programa de acción anticapitalista contra la austeridad que proporcione respuestas de lucha a las cuestiones más importantes enfrentadas por los trabajadores, los jóvenes, las mujeres y las minorías en España: un programa que inspirará la solidaridad y la imitación en toda la Unión Europea.

Así como demandas específicas sobre puestos de trabajo, salarios, vivienda y todos los demás frentes de la lucha de clases, ese programa debe enfatizar en la construcción de los comités de acción de cada empresa, escuela, universidad y barrio que organicen las acciones particulares de defensa. Tales comités de acción deben entrelazarse tan pronto como sea posible a nivel nacional para que el movimiento en su conjunto pueda discutir y decidir sobre una estrategia unida para la lucha. Para pasar de la defensiva a la ofensiva, se debe poner en la agenda la cuestión de una huelga política general ilimitada.

Una huelga general, sin embargo, plantea inevitablemente la cuestión de quién gobierna y en defensa de los intereses de quién. La actual crisis de la sociedad española demuestra la necesidad de un programa gubernamental no sólo en interés de la clase obrera, sino también de los campesinos. Así como de revertir las políticas de austeridad y renacionalizar las industrias privatizadas, ese programa debe ocuparse también de las cuestiones nacional y democrática no resueltas (el derecho a la autodeterminación, abolición de la monarquía, asamblea constituyente). Cualquier programa de este tipo sería imposible sin la expropiación sin indemnización bajo control obrero de los grandes capitalistas y los terratenientes y la reorganización de la economía sobre la base de un plan democrático que se refiera a toda la sociedad.

Por eso, lo que se necesita es un gobierno un obrero que esté basado en los órganos de lucha de la clase obrera, los campesinos, la juventud, los comités de acción, los consejos democráticos y los órganos de autodefensa, que pueden desarmar la reacción y aplastar la máquina burocrática del estado.

Los revolucionarios deben organizarse alrededor de la lucha por tal estrategia, no sólo en Podemos sino también dentro de los sindicatos y otras organizaciones de la clase obrera con el fin de construir una alternativa real para la clase trabajadora española; un partido obrero revolucionario.