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El Trotskismo en el siglo XXI

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1. Principios fundacionales
2. El Partido Revolucionario
3. El Destino de la Cuarta Internacional
4. Reelaborando el Programa
5. Imperialismo
6. Los Gobiernos de Obreros y Campesinos
7. Demandas Inmediatas y Transicionales
8. Consejos Obreros
9. Sindicatos
10. El Frente Unido
11. Fascismo
12. Democracia Burguesa
13. La socialdemocracia y el estalinismo
14. La crisis del estalinismo y la restauración del capitalismo
15. El imperialismo en el siglo XXI
16. Autodeterminación nacional
17. Opresión Social
18. El Medio Ambiente
19. El Partido Revolucionario y su Desarrollo
20. Centrismo
21. La Globalización y su Crisis

Principios fundacionales
1. la Liga por la Quinta Internacional se considera como una tendencia internacional leninista-trotskista que lucha para construir una Quinta Internacional basada en los fundamentos marxistas de las anteriores cuatro internacionales. Nuestro programa tiene sus raíces en las conquistas programáticas de la Liga Comunista y la Asociación Internacional de Trabajadores, el ala marxista ortodoxa y revolucionaria de la Segunda Internacional (1889-1914), las facciones de Iskra y Bolchevique de la socialdemocracia rusa y el partido Bolchevique de 1917, los cuatro primeros congresos de la Tercera Internacional y los dos primeros congresos de la Cuarta Internacional. De la teoría y la práctica de los fundadores del marxismo clásico hemos elaborado los siguientes principios esenciales.

2. El programa revolucionario constituye la estrategia global de lucha dentro de la sociedad capitalista, la toma del poder, el establecimiento de la dictadura del proletariado, la difusión internacional de la revolución. Sobre dicho programa deben construirse todos los partidos nacionales y un partido internacional. Así como los programas nacionales e internacionales codifican las perspectivas y las principales estrategias que se aplican a períodos de tiempo relativamente largos, el método de transición, casi completamente desarrollado por Trotsky en el programa de 1938, también debe ser utilizado para formular "programas de acción" más coyunturales como base para la intervención en crisis específicas o efímeras en países concretos o incluso en arenas más restringidas como el movimiento sindical.

El Partido Revolucionario
3. El partido revolucionario organiza a los combatientes de vanguardia de la clase obrera, los cuadros de las batallas de clase presentes y futuras hasta la toma del poder y más allá. Debe combinar la democracia interna (libertad de crítica para individuos y grupos, facciones y tendencias, elección de los órganos directores en condiciones legales) con una estricta disciplina para llevar a cabo las políticas acordadas y las tácticas del partido.

4. El partido debe ser la tribuna de todas las clases explotadas y capas y pueblos oprimidos, recogiendo sus demandas fundamentales de libertad e integrándolas en el movimiento y las luchas de los trabajadores.

5. El partido no puede descuidar, ni limitarse a, las demandas inmediatas (demandas realizables bajo el capitalismo) ya sean económicas o políticas. Debe vincular dichas demandas a las que plantean un desafío a la propiedad capitalista y el control de la producción y a los poderes coercitivos del estado.

6. En cada lucha debe intentar agitar las tácticas que mejor profundicen la conciencia, la moral y los niveles de organización de los trabajadores involucrados, incluso aunque no sean todavía reconocidas por la masa de los que toman parte en la lucha. Debe rechazar el método de simplemente sumarse a las luchas espontáneas o restringir el planteamiento de objetivos estratégicos y tácticos a aquellos que estén de acuerdo con la (supuesta) conciencia actual de la clase obrera. Deben elevar aquellos eslóganes e ideas que son objetivamente planteados por la lucha de clases. En palabras del Manifiesto Comunista "Los comunistas, aunque luchando siempre por alcanzar los objetivos inmediatos y defender los intereses cotidianos de la clase obrera, representan a la par, dentro del movimiento actual, su porvenir." Debe proponer formas de organización (por ejemplo reuniones de masas, comités de huelga, comités de acción, piquetes y escuadrones de defensa) que no solo aseguren la victoria sino que también señalen el camino hacia mayores niveles de lucha, incluyendo la toma y la tenencia del poder del estado.

7. Un pequeño núcleo revolucionario no se debe confundir con un partido. Debe cumplir las tareas de propaganda revolucionaria y participación ejemplar en la lucha de clases hasta que pueda fusionarse con la vanguardia de la masa proletaria. Diversas tácticas desarrolladas por los marxistas clásicos van en esa dirección (unidad de principios entre grupos revolucionarios de propaganda, entrada en un partido reformista o centrista de masas para luchar por el liderazgo, participación en la formación de un partido laborista/socialdemócrata con el mismo fin).

8. Las formas más avanzadas de la lucha de clases, tanto tácticas como organizativas, (huelga general, consejo de trabajadores, milicia de trabajadores, levantamiento armado) tienen que ser llevadas a cabo, en sus formas embrionarias, en cada lucha (huelgas y días de acción solidarios, comités de huelga de y consejos de acción, escuadras de defensa de piquetes, etc.). En pocas palabras, reconocemos la realidad de la revolución en cada lucha seria y así nos preparamos y preparamos a la clase obrera para la misma.

9. El Internacionalismo no debe seguir siendo solo una noble aspiración o, en el mejor de los casos, solidaridad ocasional con las luchas de los trabajadores en otros países. Se le debe dar forma organizativa en la lucha por un partido internacional de la revolución social basado en el centralismo democrático. Puesto que las anteriores cuatro internacionales se derrumbaron o degeneraron, la tarea consiste en construir una nueva Internacional: la Quinta.

10. Rechazamos el argumento de que una Internacional sólo puede construirse una vez que se han establecido partidos nacionales fuertes. Por el contrario, los partidos nacionales solo reflejan, inevitablemente, su experiencia "local" de lucha de clases y son propensos, por lo tanto, a la parcialidad y la adaptación al terreno nacional. La mejor defensa contra esto es proporcionada por un programa desarrollado internacionalmente y la supervisión de un liderazgo centralista democrático internacional. El instrumento para su construcción es una corriente internacional, centralista democrática y basada en programa. A continuación describiremos lo que consideramos como las lecciones fundamentales que tienen que ser reconocidas por las fuerzas comprometidas con la fundación de una Quinta Internacional.

El Destino de la Cuarta Internacional
11. La degeneración y desintegración de la Cuarta Internacional fue distinta del sino de sus dos predecesoras inmediatas. Se derrumbó en el centrismo, no en el patriotismo social o el reformismo. Esto fue así porque nunca logró un carácter masivo; no tuvo la oportunidad de jugar un papel decisivo en las principales luchas revolucionarias. Con unas pocas excepciones parciales (en Vietnam, Bolivia y Sri Lanka) la mayoría de sus secciones nunca trascendieron la etapa de grupos de propaganda de lucha o, como mucho, pequeños partidos de cuadros. Se alzó sobre su capacidad para cumplir con su tarea histórica específica de defender el programa de Trotsky contra el estalinismo, por una revolución política contra las burocracias en todos los estados obreros degenerados. Fracasó en esta tarea.

12. la causa de este fracaso fue programática. Ya desorientados por el resultado de la Segunda Guerra Mundial, que no se ajustó a las perspectivas de Trotsky, el liderazgo de la CI respondió a la expansión del estalinismo y a la formación de nuevos estados obreros degenerados revisando tanto el análisis del estalinismo como el programa revolucionario. Equiparando el estalinismo con la lealtad a Moscú concluyeron que, habiendo roto con Moscú, Tito se había convertido en un centrista y que el derrocamiento burocrático de las relaciones de propiedad capitalista había establecido un estado obrero que necesitaba reformas, pero no la revolución política y que era, en ese sentido, un estado obrero saludable.

13. Esta acomodación a la versión de Tito del programa del socialismo en un país, que fue avalada por todos los principales dirigentes de la CI en su Tercer Congreso, abrió el camino a la revisión a gran escala, no sólo del programa de revolución política, sino de toda la metodología del Programa de Transición. La capacidad de un partido estalinista para derrocar al capitalismo fue explicada como consecuencia de verse obligado a tomar medidas revolucionarias por "el proceso revolucionario objetivo", y posteriormente fue aceptado que el mismo proceso también podría obligar a otros agentes no-proletarios a liderar revoluciones.

14. Aunque diferentes líderes de la CI se acomodaron luego a diversas corrientes políticas, incluyendo no sólo estalinistas como Mao Zedong y Ho Chi Minh, sino también pequeño-burguesas, nacionalistas o juntas militares, ninguno sostuvo el programa de Trotsky de la revolución política en el bloque soviético y la revolución permanente en los países coloniales y semi-coloniales.

15. Un error igual, pero opuesto, fue cometido por una minoría de la Internacional que concluyó que, dado que la clase obrera no había desempeñado ningún papel en estos derrocamientos, no había tenido lugar ninguna revolución social, y por tanto no se había establecido ningún estado obrero de ningún tipo. Aunque se presenta como una defensa del papel esencial de la clase obrera en el derrocamiento revolucionario del capitalismo, este método normativo en realidad rechaza el reconocimiento de Trotsky de que podría haber un derrocamiento contrarrevolucionario del capitalismo en el que, a pesar del derrocamiento de las relaciones de propiedad capitalista, a la clase obrera le fuera negado cualquier poder político. Trotsky había presenciado tal situación durante la invasión de los estados bálticos. El rechazo del análisis y el método de Trotsky tuvo como resultados o bien la negación de que el capitalismo había sido derrocado, como con el análisis del "capitalismo de estado" de Tony Cliff, o la afirmación de que había sido reemplazado por una nueva forma de sociedad de clases, como el "colectivismo burocrático", que no era más progresista que el capitalismo. La conclusión programática de estos dos análisis fue un rechazo de la defensa de los "estados estalinistas" en cualquier enfrentamiento con el imperialismo.

16. El Tercer Congreso de la Cuarta Internacional, en 1951, admitió sin oposición las tesis de Pablo sobre Yugoslavia y así colapsó en el centrismo. La escisión de 1953 entre el Secretariado Internacional, SI, y el Partido Socialista de los Trabajadores de Estados Unidos, SWP/US, y sus partidarios, que se referían a sí mismos como el Comité Internacional, CI, no fue consecuencia de desacuerdos sobre las revisiones programáticas de 1951, sino más bien sobre la propuesta táctica del "entrismo sui generis" ("una forma única de entrismo") en los partidos estalinistas. La ruptura no fue de acuerdo a principios ya que se llevó a cabo con anterioridad al Congreso planeado para 1954, en el que los problemas podrían han sido presentados ante el máximo órgano de la Internacional. Ninguno de los grupos representaba la continuidad con la Internacional de Trotsky. En efecto, puesto que ambos confirmaron las decisiones del Congreso de 1951, no había ninguna diferencia fundamental programática o de principios entre ellos. Aunque el SI mantuvo una continuidad y coherencia organizativas, y el CI hizo algunas críticas parciales pero correctas de los errores del SI, ambos eran culpables de repetidas desviaciones oportunistas cuyas raíces estaban en las incorrectas decisiones del Congreso de 1951.

17. Sobre la base de la metodología adoptada en 1951, tanto el SI como el SWP/US se acomodaron de forma oportunista a la Revolución Cubana después de 1959, considerando a Castro como otro agente del "proceso histórico" que había sido forzado, en efecto, a implementar la estrategia de la revolución permanente, aunque no lograra desarrollar las "formas de poder proletario", es decir, los consejos obreros. Esto estableció las bases para el Congreso de Unificación de 1963 que condujo a la fundación del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional, SUCI. Esto también atrajo a los principales miembros del CI de América Latina, liderados por Moreno. Las secciones europeas más importantes, lideradas por Lambert y Healy, permanecieron fuera, pero no más unidas organizativamente que antes. Posteriormente, cuando el SUCI hizo un giro hacia el guerrillismo, se encontró con la oposición de Moreno y el SWP/US. Más desacuerdos sobre la acomodación de la mayoría del SUCI al gobierno Sandinista de Nicaragua dieron como resultado una división. Tales acontecimientos, junto a la continuada divergencia de las corrientes encabezada por Lambert y Healy, confirmaron la desintegración de lo que había sido el movimiento Trotskista internacional.

Reelaborando el Programa
18. Sesenta años después de la separación de las CI, los revolucionarios de hoy necesitan volver a elaborar el programa revolucionario como tuvo que hacer Lenin en 1917, como comenzó a hacer la Internacional Comunista Revolucionaria en sus primeros cuatro congresos y como hizo Trotsky en 1938.

Imperialismo
19. En la época imperialista, las tareas fundamentales de la revolución burguesa, (liquidación de las formas pre-capitalistas de explotación en la cuestión agraria, derechos democráticos, independencia nacional, desarrollo económico) no pueden resolverse a favor de los intereses históricos de las masas obreras excepto bajo la dictadura del proletariado, es decir, el gobierno de los consejos de trabajadores y, cuando proceda, de campesinos. Cualquier intento de restringir la lucha revolucionaria para el establecimiento de una "etapa democrática", garantizaría, en realidad, la re-estabilización de la sociedad capitalista mediante la represión de la clase obrera y sus aliados. Igualmente, cualquier apoyo, o llamada para apoyar, a un gobierno de partidos de masas que no estén basados en consejos obreros y comiencen un programa de expropiación de capital, aduciendo que representan "la dictadura democrática del proletariado y campesinado", es una desviación oportunista que es incapaz de reconocer el avance programático hecho por los Bolcheviques en abril de 1917. Aunque es una necesidad objetiva, la revolución permanente no es un "proceso objetivo"; es, por el contrario, una estrategia que expresa tanto las necesidades como el potencial de la clase obrera. Como tal, solo puede materializarse como el objetivo consciente de la lucha de la clase obrera cuando la clase esté liderada por un partido comprometido con esta estrategia.

20. El colapso de la Unión Soviética y, más recientemente, el relativo declive de los Estados Unidos, han incitado y alentado la lucha por la liberación nacional de los pueblos oprimidos previamente encarcelados en los estados "multinacionales" o a los que se negó la independencia nacional por los diversos gendarmes regionales del imperialismo. Reconocemos el derecho de estos movimientos a obtener los medios para perseguir sus luchas de cualquier fuente que esté disponible para ellos, incluso de las potencias imperialistas. En un “mundo unipolar” y en el que se están profundizando las rivalidades imperialistas, negar esto sería condenar a tales movimientos a la derrota. Sin embargo, nos oponemos a la subordinación de las luchas nacionales legítimas a las estrategias depredadoras de cualquier potencia imperialista, exigiendo que la ayuda se proporcione sin condiciones y esté bajo control obrero.

21. Defendemos la táctica de la " frente unido antiimperialista " tal y como fue desarrollada y aplicada por Lenin, Trotsky y la Internacional Comunista Revolucionaria. Mientras el imperialismo apoye o instale regímenes complacientes con sus deseos en los países semi-coloniales, y mientras les explote económicamente, amplios estratos de las clases no proletarias, el campesinado y la pequeña burguesía urbana, serán arrastrados a la lucha por consignas de nacionalismo y democracia. La vanguardia proletaria debe buscar la unidad de acción con tales fuerzas, incluso burguesas, si mantienen una lucha auténtica contra la opresión militar, política o económica del imperialismo y contra la explotación de los países coloniales y semi-coloniales. Tal apoyo es necesario y de acuerdo a principios incluso cuando un movimiento antiimperialista busca, u obtiene, el apoyo de un imperialismo rival. Exigimos que este tipo de ayuda se otorgue sin condiciones y luchamos para que quede bajo el control de las fuerzas antiimperialistas. Como cuestión de principio, nos oponemos a cualquier intervención imperialista, como ocupaciones o "zonas de exclusión aérea", que objetivamente mejoren el control de cualquier potencia imperialista. Sin embargo, el hecho de dicha intervención no altera, por sí mismo, el carácter de la lucha de liberación. A través de todas estas operaciones, las fuerzas de la clase obrera deben mantener su independencia de clase absoluta, observando el principio de "marchar separados, golpear juntos". La posición leninista de "apoyo incondicional pero crítico" significa un apoyo incondicional para todos aquellos que luchan contra el imperialismo, combinado con el deber de combatir políticamente contra la estrategia general y los métodos de lucha de estos movimientos.

Los Gobiernos de Obreros y Campesinos
22. Los únicos gobiernos de trabajadores y campesinos a los que es posible para los comunistas dar apoyo político o, en determinadas circunstancias, participar en los mismos, es aquel que emerge de un período de luchas victoriosas de masas y esté basado en órganos de lucha armada de la clase obrera y el campesinado. Debe ser un gobierno comprometido con la defensa de las organizaciones de los trabajadores y con la resolución de la crisis política y económica a expensas de la burguesía. Sin embargo, rechazamos la idea de que estos gobiernos sean una “etapa” necesaria o inevitable antes de que se pueda establecer un gobierno revolucionario de los trabajadores. Igualmente, rechazamos la caracterización de los gobiernos de los partidos burgueses de los trabajadores como "gobiernos de trabajadores"; aunque es legítimo para los revolucionarios pedir a las masas que lleven a dichos partidos a la prueba del poder, siempre dejamos claro que siguen siendo gobiernos burgueses.

Demandas Inmediatas y Transicionales
23. Es necesario movilizar a las masas bajo consignas inmediatas y transitorias correspondientes a la situación concreta de cada país. El programa de transición consiste en una serie interrelacionada de demandas que, en su conjunto, constituyen un desafío abierto y directo al gobierno capitalista. Estas demandas tratan sobre las objetivas necesidades fundamentales de las masas, incluyendo la necesidad de desarrollar formas de organización de la clase obrera que puedan crear la base de los órganos de lucha necesarios para romper el estado capitalista y formar un estado obrero. Su validez no depende de su aceptación por parte de la actual conciencia en las masas, ni son invalidadas si los capitalistas o los burócratas se ven obligados a concederlas. Puesto que todas las demandas de transición incorporan una extensión del control de la clase obrera sobre los capitalistas, puede esperarse que cualquier lucha exitosa deberá afrontar, en algún momento, los más decididos esfuerzos por parte de los jefes y su estado para convertirlas en derrota. Esta posibilidad de un mayor “tempo” en la lucha de clases no significa, sin embargo, que haya una "lógica" dentro de las demandas transicionales que automáticamente impulse la revolución hacia adelante. En cualquier etapa los revolucionarios tienen que advertir contra la complacencia y promover la capacidad de la clase para construir sobre sus logros incluso frente a tales contraataques.

24. Donde las clases dominantes intentan negar los derechos democráticos, nos movilizamos por lemas revolucionarios democráticos. El poder de movilización de demandas como la asamblea constituyente soberana, el sufragio universal, el voto secreto, la plena igualdad para las mujeres, se han demostrado como correctos una y otra vez, de manera muy reciente en la Primavera Árabe. Dentro de la lucha democrática, sin embargo, nosotros luchamos por la independencia de la organización de la clase obrera, suplementando las consignas democráticas con demandas transicionales y formas de organización tales como la supervisión de votaciones por los consejos de trabajadores y su protección por la milicia de los obreros. La necesidad de combinar reivindicaciones democráticas revolucionarias con demandas transicionales es igualmente real en las luchas contra las relaciones pre-capitalistas de propiedad de la tierra, contra la opresión nacional, contra la dictadura y el bonapartismo, sea militar o civil, de derechas o de “izquierdas”, y contra el fascismo. Al mismo tiempo, rechazamos cualquier identificación de la Asamblea Constituyente con el objetivo de poder de la clase obrera, que sólo puede basarse en consejos obreros.
Consejos obreros.

25. La consigna principal del programa de reivindicaciones transitorias es la convocatoria de un gobierno basado en consejos obreros. Los consejos obreros incluyen representantes de todos los grupos y estratos en lucha por la revolución y coordinan sus luchas. Son la forma organizativa superior de la lucha de clases y son los órganos embrionarios del poder de la clase obrera. La lucha por los consejos de trabajadores y, cuando proceda, por los consejos de campesinos, es una tarea central en el desarrollo de las situaciones revolucionarias. Donde la lucha de clases produce nuevas y embrionarias formas de organización de la clase obrera, como los comités de huelga, los comités de coordinación de distrito, comités de empresa etc., no contraponemos a ellas los consejos de trabajadores plenamente desarrollados sino que, por el contrario, proponemos su desarrollo en cuerpos de estilo consejil mediante, por ejemplo, el reconocimiento del principio de revocabilidad de los delegados, la incorporación de las organizaciones de todos los demás trabajadores y la extensión de sus responsabilidades. Dentro de los consejos de trabajadores, defendemos la libertad de todas las corrientes políticas que son apoyadas por la clase obrera, excluyendo a los fascistas que, por definición, se oponen a la organización independiente de la clase como algo que divide la nación, raza o fe, por cuya supremacía sin límites luchan. Nos oponemos a todo intento de presentar a organizaciones que en realidad están controladas por otros organismos, ya sean el estado o la burocracia sindical, como el equivalente de los consejos obreros. Sólo los organismos genuinamente elegidos por las masas de trabajadores (o campesinos) pueden ser llamados Consejos de Trabajadores (o Campesinos).

26. Defendemos la estrategia leninista-trotskista de lograr el poder para la clase obrera mediante una insurrección armada dirigida por las fuerzas armadas leales a los consejos obreros. Sólo esta estrategia puede asegurarse de que la derrota de las fuerzas armadas del estado burgués es, simultáneamente, el establecimiento de una nueva forma de poder estatal, el estado obrero revolucionario basado en consejos obreros. Contraponemos esta estrategia a todas las formas de golpismo o guerrillerismo que separan la derrota de las instituciones del estado actual de la formación de las instituciones propias del gobierno de los trabajadores. Para que la insurrección tenga éxito, el partido revolucionario debe ganar el apoyo de los campesinos, los pobres urbanos y las tropas del ejército.

Sindicatos
27. Los sindicatos son las organizaciones fundamentales de defensa de la clase obrera en cuanto a salario, derechos y condiciones laborales. Contra el poder social de los capitalistas, los trabajadores individuales son impotentes, su única fuerza es su número y por lo tanto los sindicatos necesitan organizar tanta fuerza de trabajo como sea posible. La lucha económica entre trabajadores y empleadores sobre la división del valor creado por los trabajadores genera dos tendencias en el sindicalismo. Una acepta la necesidad de atender a las prioridades del capital incluyendo, in extremis, el sacrificio de los intereses de los trabajadores con el fin de mantener la producción capitalista. La otra, buscando maximizar la parte de los trabajadores, amenaza la supervivencia de la producción capitalista mediante la eliminación completa de los beneficios. Sin embargo, ese potencial puede realizarse sólo si los sindicatos son conducidos por una dirección revolucionaria consciente. Organizativamente, nuestro objetivo es la maximización de la fuerza organizativa y la resistencia de los trabajadores a través de la formación de sindicatos de masa controlados democráticamente. Políticamente, estamos por atraer a los sindicatos a un programa socialista, usando métodos de la lucha de clases para desarrollar su capacidad de desempeñar un papel en el derrocamiento del capitalismo y en la introducción de la planificación socialista.

28. El logro de estas metas depende del trabajo sistemático de la fracción comunista dentro de los sindicatos. Por fracciones nos referimos a las organizaciones de los sindicalistas que apoyan activamente el programa del partido aplicado al sindicato, incluyendo aquellos que no son miembros del partido. Estamos por la construcción de alianzas de militantes de base para expulsar a los burócratas reformistas en la lucha por democratizar los sindicatos, convertirlos en sindicatos industriales de lucha y unirlos en una confederación de sindicatos de lucha de clases. Los comunistas deben luchar por liderazgo revolucionario con el declarado objetivo de transformar los sindicatos en órganos de lucha contra el capitalismo.

29. Estamos a favor de la máxima unidad sindical, tanto para fortalecer el poder de negociación de los trabajadores como para asegurar que los revolucionarios no son alejados de la masa de trabajadores por exclusiones burocráticas. Sin embargo, donde los líderes democráticamente elegidos por los trabajadores son expulsados o se impide a las secciones militantes tomar las medidas necesarias, estamos dispuestos a desafiar a los dirigentes burocráticos hasta el punto, si es necesario, de la formación de nuevos sindicatos. Sin embargo, incluso entonces, situamos la responsabilidad de la división donde corresponde, en los burócratas, proponiendo una unidad de acción y la reunificación sobre una base democrática. Nos oponemos a la formación de "sindicatos rojos", tal y como se desarrollaron durante el "Tercer Período" del estalinismo, porque éstos tienen el efecto de la separación de los comunistas de la masa de trabajadores que permanecen bajo liderazgo reformista, o incluso peor.

El Frente Unido
30. Donde la reacción, en cualquier forma, amenaza los derechos e intereses no sólo de la clase obrera, sino también de otras clases, somos partidarios de campañas y acciones unidas en torno a reivindicaciones democráticas, pero no a costa de los intereses de la clase obrera o su independencia política. Nosotros, por lo tanto, nos oponemos a la estrategia de "Frente Popular", que requiere la rendición de los intereses de la clase obrera con el fin de asegurar, o incluso simplemente fomentar, la participación de las fuerzas burguesas. Donde tales frentes populares existen, no les damos ningún apoyo político sino que estamos preparados para trabajar dentro de las organizaciones obreras de masas por una ruptura con las fuerzas burguesas, utilizando todas las variantes de la táctica del Frente Unido para lograrlo. Aunque estratégicamente comprometidos con la derrota de las fuerzas burguesas, estamos tácticamente preparados para suspender las hostilidades cuando una amenaza más inmediata, como una invasión o un golpe reaccionario, lo requiera y la clase obrera no sea capaz todavía de hacerse con el poder.

Fascismo
31. El fascismo no es una forma más de reacción burguesa, no es solo un régimen militar o bonapartista. Es un movimiento de masas de las clases plebeyas, la pequeña burguesía reaccionaria y el lumpen-proletariado, enloquecidos por una prolongada crisis política y económica del capitalismo y la incapacidad del proletariado para resolverla debido a su mala dirigencia reformista o centrista. Este movimiento es utilizado por la burguesía para aplastar el movimiento obrero y atomizar el proletariado. Un factor esencial en la capacidad de los líderes fascistas para crear un movimiento así es su capacidad de "controlar las calles", es decir, de intimidar físicamente a sus oponentes, romper huelgas y manifestaciones, aterrorizar a barrios enteros y asesinar a los líderes clave. Como producto de la crisis capitalista, la única respuesta estratégica al fascismo es el derrocamiento de la burguesía y la instauración de una dictadura proletaria. La lucha antifascista debe ser emprendida con los métodos de la lucha de clases obrera y con el objetivo consciente de una ininterrumpida lucha por el poder obrero.

Democracia burguesa
32. Las instituciones democráticas, los parlamentos, los ayuntamientos, etc., son parte de la dictadura de la burguesía. Su propósito es llevar a las masas a la creencia de que el mando de los explotadores es "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". Los revolucionarios participarán en las elecciones mientras las masas tengan todavía ilusiones en ellas, para romper esas ilusiones y para preparar el derrocamiento del estado burgués, incluyendo sus instituciones parlamentarias. Siempre que sea materialmente posible, los revolucionarios presentarán candidatos con su completo programa de acción por el poder de la clase obrera. Rechazamos todas las sugerencias de que debamos limitar las campañas a las demandas de reformas "inmediatas" o quedarnos en programas que sólo representen acuerdos limitados entre diversas pequeñas sectas.

33. Donde las fuerzas del comunismo revolucionario sean demasiado débiles para presentar candidatos y las masas todavía pongan su confianza en partidos obreros centristas o reformistas, nosotros podemos utilizar la táctica de prestar apoyo crítico a esos candidatos en las urnas. No expresamos ningún apoyo político a su programa ni la más mínima confianza en sus acciones futuras en el gobierno. Nuestro propósito es someter a estos partidos a la prueba del gobierno y movilizar a los trabajadores para que planteen demandas de clase a sus líderes y a resistir sus ataques si se convierten en un gobierno burgués. Incluso ese apoyo sería inadmisible donde el proletariado y su vanguardia estén en conflicto abierto y directo con el partido reformista y éste esté buscando un mandato electoral para aplastar a los trabajadores. Donde los trabajadores tengan que elegir entre diferentes partidos reformista o centristas, aconsejamos apoyo crítico hacia aquel que tenga la mayor base de apoyo entre las secciones más combativas y militantes de la clase.

La socialdemocracia y el estalinismo
34. Los partidos socialdemócratas y estalinistas en los países imperialistas son partidos burgueses; con mayor precisión, partidos burgueses de los trabajadores. Sus dirigencias, programas y organizaciones tienen un carácter político burgués, pero estos partidos están orgánicamente ligados a la clase obrera a través de sus orígenes proletarios, a través de los sindicatos y cooperativas, o por la afiliación masiva clase trabajadora o apoyo electoral. Son estos enlaces los que distinguen a estos partidos de partidos puramente burgueses pero también permiten utilizar una amplia gama de tácticas del Frente Unido para explotar la contradicción entre la clase obrera de base y los líderes de estos partidos y separar a la militancia de los dirigentes y programas reformistas. Esto incluye trabajar dentro de dichos partidos. Tanto si esto toma la forma de un ingreso limitado, en el cual se mantiene una organización revolucionaria pública junto a una fracción revolucionaria dentro de dicho partido, como de un "ingreso pleno", en el que toda la organización revolucionaria entra en el partido burgués de los trabajadores para intervenir en una crisis extrema, el programa revolucionario sigue siendo la base de la intervención. Nos oponemos al "entrismo sui generis" emprendido por la centrista CI, por el cual los revolucionarios entran en el partido burgués de los obreros ocultando su política con el fin de asegurar una actividad de largo plazo dentro de ese partido.

35. Reafirmamos la posición de Trotsky de que el estalinismo es una fuerza contrarrevolucionaria dentro del movimiento obrero mundial. El hecho de que ejércitos, partidos o frentes populares estalinistas o estalinizados, fueran capaces de derrocar el capitalismo en Europa Oriental, Yugoslavia, China, Corea, Vietnam y Cuba no invalida la caracterización de Trotsky del estalinismo como contrarrevolucionario, ni demuestra que quienes derrocaron el capitalismo no fueran estalinistas.

36. Estos derrocamientos fueron cualitativamente diferentes de la Revolución de Octubre. Fueron derrocamientos sociales burocráticos que tenía un carácter global contrarrevolucionario: la clase obrera fue excluida del poder político desde el principio. Usando las instituciones de un estado burgués, una casta parasitaria impidió cualquier desarrollo de los órganos independientes de poder de la clase obrera, consejos y milicia de los trabajadores, que son requisitos previos para cualquier avance hacia el socialismo y la revolución mundial. Sin una revolución política, es decir sin el derrocamiento del régimen burocrático por la clase obrera y sus aliados, los estalinistas condujeron inevitablemente a estos estados al colapso, jugando un papel clave en la restauración del capitalismo.

37. El estalinismo es el hermano gemelo de la socialdemocracia; históricamente fue el "agente del imperialismo mundial dentro del estado obrero" (Trotsky). Sus orígenes sociales se asientan en la burocracia gobernante dentro de estados obreros degenerados, mientras que los de la socialdemocracia se asientan en la aristocracia obrera de los países imperialistas y algunas semi-colonias desarrolladas. El programa del estalinismo, "Socialismo en Un Solo País", tuvo su origen en la socialdemocracia revisionista pero sus formas de gobierno y organización de partido características fueron establecidas durante la degeneración de la Unión Soviética, que culminó en la gran purga de la década de 1930. Por el prestigio usurpado a la Revolución de Octubre, los avances económicos logrados a pesar del régimen de planificación burocrática y la victoria militar sobre el nazismo, estas formas degeneradas de organización pueden todavía verse, erróneamente, como modelos para los movimientos socialistas. Contra esto, el Trotskismo mantiene la centralidad de la formación de consejos obreros y milicias de los trabajadores como los instrumentos del derrocamiento del capitalismo y la dictadura del proletariado.

38. Rechazamos la estalinofobia – una hostilidad diferencial contra el estalinismo sobre la socialdemocracia u otras influencias ajenas a la clase. Con su énfasis en la naturaleza supuestamente monolítica del estalinismo ("completamente contrarrevolucionario”) esta política ha llevado a la blandura y al acomodamiento respecto al reformismo socialdemócrata. Rechazamos también la estalinofilia, la noción que el estalinismo tiene una "naturaleza dual", que a veces actúa de una manera revolucionaria y a veces de una manera contrarrevolucionaria, y que en etapas específicas o en tareas específicas (por ejemplo en la defensa de los estados de los trabajadores) se puede confiar en él o concederle un papel protagonista.

La crisis del estalinismo y la restauración del capitalismo
39. El gobierno de casta de la burocracia estalinista se basaba en una dictadura sobre la clase obrera y el saqueo sistemático de las relaciones de propiedad planificadas. La mala gestión de las economías planificadas de la URSS y Europa Oriental dio como resultado el descenso de las tasas de crecimiento y un eventual estancamiento. Los intentos de dinamizar estas economías por medio de "reformas de mercado" sólo lograron quebrantarlas aún más, al tiempo que desacreditaban la economía planificada y generaban fuerzas restauracionistas pro-mercado. Éste fue el trasfondo de las crisis revolucionarias del período 1989-92, durante el cual la revolución política proletaria fue la única alternativa a la contrarrevolución social. Como había predicho Trotsky, estas crisis comenzaron con movimientos de masas contra los privilegios y por la democracia. En ausencia de cualquier liderazgo revolucionario capaz de relacionarse con el movimiento de masas y vincular sus demandas con el programa de revolución política, la iniciativa fue tomada por las fuerzas restauracionistas, pero su triunfo no estaba asegurado ni era inevitable.

40. En China, sin embargo, la restauración del capitalismo tomó una forma diferente. Allí, los grandes pasos hacia la privatización de la agricultura y la creación de un mercado libre en el campo, junto a la creación de zonas económicas especiales para atraer capital extranjero, se combinaron para socavar la economía planificada a lo largo de los años ochenta. El mantenimiento de la planificación en la industria estatal y el comercio exterior creó un sistema de producción altamente contradictorio y alentó la corrupción generalizada. En respuesta se desarrolló un movimiento por la democracia que culminó en las manifestaciones estudiantiles de la Plaza de Tiananmen en mayo y junio de 1989, y también dio lugar a nuevas e independientes organizaciones de trabajadores. Enfrentado a una masiva oposición que crecía rápidamente, su confraternización con las tropas y las escisiones cada vez más profunda en sus propias filas, la dirigencia del partido, alrededor de Deng Xiaoping, optó por la represión brutal para mantener su régimen. En los años posteriores, dicha dirigencia decidió, en 1992, restaurar el capitalismo, bajo su continuada dictadura, a través de un desmantelamiento planificado de la economía planificada. Los recursos del estado fueron privatizados de diversas maneras, transformados en fideicomisos capitalista estatales o cerrados definitivamente, mientras que los derechos de los trabajadores fueron eliminados por decreto.

41. Una revolución política para derrocar a la burocracia era necesaria en todos los estados obreros degenerados. Parte integral de esta tarea era la defensa de las relaciones de propiedad planificadas contra las fuerzas restauracionistas. Para alcanza éxito en estas tareas se deberían haber constituido partidos independientes de la clase trabajadora con un programa leninista-trotskista. Esto requería que los revolucionarios se pusieran del lado de las masas contra la dictadura burocrática mientras avanzaban el programa de revolución política. Fue un error equiparar los intentos de la burocracia por garantizar su propia supervivencia con la defensa de aquello que era progresivo en los estados obreros degenerados. Mientras que era necesario exigir derechos tales como la libertad de reunión, la legalización de partidos opositores y sindicatos libres, fue un error equiparar la demanda de "democracia pluralista" con la demanda de democracia obrera, o las instituciones parlamentarias con los consejos obreros. Asimismo, fue un error apoyar los esquemas de autogestión de los trabajadores y no demandar que la clase obrera defendiera y tomara el control de la planificación. La tarea de la revolución política era establecer la dictadura del proletariado a través de la destrucción de la dictadura de la burocracia. En Cuba y en Corea del Norte éstas siguen siendo las tareas centrales hoy día.

42. Independientemente de la particular estrategia restauracionista tomada, el punto crucial en las crisis políticas revolucionarias fue aquel en el que el régimen comenzó a utilizar el estado, siempre en su forma burguesa, para restaurar las relaciones de propiedad capitalistas. Después de este punto, los estados ya no podían ser caracterizados como estados obreros degenerados, incluso aunque se mantuvieran temporalmente elementos de monopolio estatal o planificación, o los partidos estalinistas permanecieran en el gobierno; y los revolucionarios ya no podían defenderlos incondicionalmente en el caso de que fueran atacados por estados capitalistas.

43. El colapso de todos los estados obreros degenerados del mundo, excepto dos, en la década de 1990, la restauración del capitalismo en los mismos y el desarrollo de Rusia y China como nuevas potencias imperialistas, además del empequeñecimiento o colapso de muchos partidos estalinistas en los países capitalistas, acabó con el orden mundial establecido después de la Segunda Guerra Mundial. Aunque la forma de este colapso se ajustó estrechamente al espectro de posibilidades esbozadas por Trotsky, el acontecimiento tomó completamente por sorpresa a la mayoría de las fuerzas del trotskismo internacional y a la fragmentada Cuarta Internacional, desorientándolos por un largo período y, en muchos casos, acelerando su degeneración política aún más. Esto, por sí mismo, es otra confirmación de que la Cuarta Internacional ya no existía como la Internacional revolucionaria y anti-estalinista fundada por Trotsky.

44. la victoria de las potencias imperialistas "occidentales" (Estados Unidos y la Unión Europea) en la guerra fría representó una derrota histórica para las fuerzas del movimiento obrero y el antiimperialismo en todo el mundo. Esto no fue así porque esos estados representaran "las primeras etapas del socialismo", mucho menos "el socialismo realmente existente", sino porque habían sido obligados a derribar las relaciones de propiedad capitalista y a excluir el imperialismo de una gran parte del mundo. La restauración de un mundo capitalista casi universal no sólo permitió a sus ideólogos declarar la victoria sobre el comunismo/socialismo, diciendo que se habían demostrado como una utopía reaccionaria, sino que proporcionó gigantescos nuevos recursos y enormes poblaciones para la explotación capitalista.

El Imperialismo en el siglo XXI
45. La teoría de Lenin del imperialismo y las tácticas leninistas-trotskistas ante la guerra imperialista siguen siendo plenamente válidas. Las características esenciales del imperialismo, como fueron caracterizadas por Lenin, la Internacional Comunista Revolucionaria y la Cuarta Internacional de Trotsky, siguen existiendo, a pesar de la disolución de los imperios tradicionales de Gran Bretaña y Francia y los cambios en los patrones de inversión y el desarrollo relativo de algunos países no imperialistas. La economía capitalista es ahora completamente global y está dominada por el capital financiero; la exportación de capital, en sus diversas formas, es mayor que las exportaciones de productos y un pequeño número de potencias imperialistas dominan las economías de todos los demás países que son reducidos, de hecho, a semi-colonias. Las potencias imperialistas intervienen repetidamente alrededor del mundo para establecer regímenes políticos favorables a la obtención del súper-beneficio imperialista.

46. En las guerras entre potencias imperialistas, los revolucionarios deben adoptar una posición derrotista. En las guerras y los conflictos entre potencias imperialistas y países semi-coloniales, es el deber de los revolucionarios ser derrotistas en relación con los primeros y defensistas con respecto a los últimos. Aunque es legítimo para los revolucionarios entrar en frentes unidos antiimperialistas con fuerzas no-proletarias, incluso con fuerzas burguesas donde participen realmente en la lucha antiimperialista, no deben dar ningún apoyo político a "su" burguesía. De hecho, con el fin de transformar la guerra en una guerra consistente antiimperialista, será necesario derrocar a los gobernantes burgueses, aunque este objetivo se subordina a la defensa del país contra el imperialismo.

47. En las guerras entre países semi-coloniales, libradas por el engrandecimiento económico, político o estratégico de una burguesía nacional, el proletariado debe tomar una posición derrotista. El Defensismo es permisible solamente si un país en particular está actuando como un agente del imperialismo o está intentando violar la autodeterminación e independencia nacional del otro. En este caso, la tarea del proletariado es la solidaridad internacional con sus hermanos de clase en el país "enemigo", no el esparcimiento de la demagogia y las consignas nacionalistas.

48. Contra la guerra imperialista, sólo la lucha de la clase proletaria y su victoria pueden acabar con la amenaza de la aniquilación nuclear. La guerra es endémica al imperialismo. Con el desarrollo de las armas atómicas, el capitalismo descubrió los medios para destruir la civilización. La elección a la que se enfrenta la humanidad es, en el sentido más literal, "socialismo o barbarie", tal vez la completa extinción de nuestra especie. Este hecho no convierte la cuestión de la guerra en un problema transversal (de todas las clases) o de no-clase que sea respondido por una ideología o movimiento especial– pacifismo. Esta ideología y estos movimientos siguen siendo lo que eran antes de 1914, o en la década de 1930, pequeño-burgueses. Están incapacitados para alcanzar los objetivos que ellos mismos se fijan, persuadir a los imperialistas a que depongan las armas y vivan en paz o, más recientemente, persuadir a las "superpotencias" a renunciar a sus arsenales nucleares. Rechazamos la caracterización de los "movimientos por la paz" como "objetivamente anticapitalistas". Esto es una excusa para negarse a confrontar el pacifismo pequeño-burgués con el antimilitarismo proletario que no puede ser ignorada.

Autodeterminación nacional
49. La posición de Lenin sobre el derecho de las naciones oprimidas a la autodeterminación es hoy totalmente válida. Es obligatorio para el proletariado de la nación opresora el defender este derecho hasta la secesión inclusive. Es su deber apoyar, moral y materialmente, las luchas de liberación sin poner ninguna condición previa (tales como el objetivo final de su lucha o el carácter de clase de su liderazgo). Por el contrario, el deber del proletariado de la nación oprimida, junto a esforzarse en liderar la lucha de liberación, es mantener los vínculos más fuertes con los trabajadores de la nación opresora. Asimismo, para ambas secciones de la clase obrera, es vital mantener o lograr la unidad en la lucha común de los trabajadores (en los sindicatos y partidos de los trabajadores) y ni por un momento rendirse al nacionalismo como ideología burguesa/pequeño-burguesa.

50. El derecho de las naciones a la autodeterminación es un derecho burgués. Sin embargo, el proletariado debe seguir apoyando este derecho incluso en los estados donde ha tomado el poder, con el fin de ganar al proletariado de las nacionalidades oprimidas para que apoye la creación y la extensión del estado de los trabajadores. El reconocimiento de este derecho es aplicable durante todo el período de transición. El proletariado victorioso no puede, como dijo Engels, "forzar bendiciones en otra nación". Sin embargo, las necesidades militares de la insurrección revolucionaria, la guerra civil, o intervenciones imperialistas, pueden necesitar la violación temporal de este derecho.

Opresión social
51. Los comunistas propugnan la liberación de mujeres, jóvenes, minorías de lesbianas, gais y transexuales y los oprimidos racialmente de la, a menudo, brutal represión que sufren en la sociedad capitalista. Mientras que el racismo tuvo sus orígenes en las formas coloniales tempranas de la expansión capitalista, en la época imperialista ha continuado sirviendo para dividir a la clase obrera y sus aliados, creando la ilusión de una superioridad compartida entre todas las clases de la "raza dominante". Esta ideología de superioridad, a menudo reforzada por privilegios marginales, permite después la mejor explotación de todos los trabajadores y campesinos.

52. Todas las otras formas de opresión social, sin embargo, tienen sus raíces en la forma burguesa de la familia y los estereotipos sociales y sexuales basados en ella. Son estas raíces las que aseguran la persistencia de estas formas de opresión, que se reproducen en cada generación en un grado u otro. Aunque la familia ha perdido su antiguo papel en la producción de alimentos y ropa y otras necesidades vitales, ha conservado la responsabilidad de la producción y reproducción de la fuerza laboral y, por tanto, de la fuerza de trabajo de las mercancías. Tomando el control del papel subordinado de la mujer en las anteriores sociedades de clases, el capitalismo ha hecho de esta crucial tarea la carga privativa de la mujer. Incluso donde las mujeres también son introducidas en la fuerza de trabajo remunerada, la primacía ideológica de su responsabilidad para con la familia asegura tasas de salario más bajas, menos promociones y una restricción general a puestos de trabajo vistos como extensiones de sus roles como esposas y madres. Al igual que con el racismo, las ventajas disfrutadas por los hombres de clase trabajadora, desde salarios más altos y una amplia gama de oportunidades hasta el más alto status de los roles "masculinos", aunque auténticas para el individuo, son, en última instancia, un medio de aumentar la explotación de todos.

53. Apoyamos las campañas y a los individuos que luchan contra tal opresión social y hacemos todo lo posible para lograr que el movimiento obrero organizado (sindicatos, partidos obreros etc.) hagan lo mismo. Nuestro objetivo es ayudar a construir movimientos de clase obrera de los oprimidos, incluyendo asambleas en las organizaciones del movimiento de los trabajadores, que hagan campaña por sus derechos. Argumentamos que estos movimientos, tan democráticos y autónomos como son, deberían integrarse tanto como sea posible en el movimiento político y sindical. Rechazamos el modelo de ideologías y movimientos multi-clase políticamente autónomos (por ejemplo, feminismo y teoría queer) como el camino hacia la liberación. Por el contrario, luchamos por llevar a la clase obrera a la cabeza de las fuerzas en lucha contra la discriminación y la opresión.

El medio ambiente
54. El capitalismo destruye el medio ambiente y la salud y el bienestar de las masas trabajadoras. Se pueden imponer medidas limitadas de seguridad a través de la lucha de clases, pero solamente la clase obrera en el poder puede suprimir la perpetua amenaza al medio ambiente que supone la existencia del capitalismo. La raíz de esta amenaza es el impulso inherente al capitalismo de maximizar beneficios. Desde los pequeños capitalistas, que fuerzan condiciones de trabajo peligrosas y contaminan el medio ambiente en lugar de "malgastar" capital en procesos mejorados, hasta las multinacionales, que mantienen industrias ambientalmente perjudiciales para maximizar los retornos sobre inversiones pasadas, las ventajas inmediatas y a corto plazo superan siempre el largo plazo y los intereses sociales.

55. Sólo un orden económico internacional y democráticamente planificado será capaz de organizar la producción para obtener la producción óptima. Es decir, la producción en la escala adecuada para satisfacer las necesidades humanas, compatible con mantener el entorno del cual toda vida depende. Por esta razón, aunque los frentes unidos sobre temas específicos con movimientos no-proletarios, como los ecologistas, puedan estar de acuerdo con los principios, rechazamos la idea de que la protección del medio ambiente sea un tema por encima de las clases y, por tanto, pueda ser peleado por una organización transversal o no de clase. Sería igualmente erróneo posponer tales cuestiones indefinidamente por ser solucionables solo "bajo el socialismo". En cambio, todas las cuestiones involucradas deben integrarse en el programa de demandas transicionales de la clase obrera, centrándose en afirmar el control obrero de la producción.

El Partido Revolucionario y su Desarrollo
56. Un partido Leninista de vanguardia es indispensable no sólo para la insurrección y la toma del poder sino en todas las fases de la lucha de clases. Tal partido debe basarse en un programa internacional de transición que enlace los principios y objetivos históricos con las tácticas fundamentales en una estrategia global para el poder de la clase obrera. Sólo el proletariado puede crear un estado obrero saludable. El partido revolucionario tiene que tener sus raíces en esta clase y expresar sus objetivos históricos. Rechazamos todas las propuestas para la formación de partidos de "trabajadores y campesinos" o partidos formados por fusiones oportunista entre revolucionarios y no revolucionarios. Igualmente, rechazamos la idea de que los “partidos amplios” de la izquierda reformista o centrista puedan servir como partidos adecuados para la clase obrera por un período indefinido. Esta posición, mantenida por diversas corrientes Cuarta-Internacionalistas desde 1951, fue rechazada correctamente por la Internacional Comunista Revolucionaria que concluyó, de la experiencia de la Segunda Internacional, que tal convivencia a largo plazo de revolucionarios y reformistas en el mismo partido sólo podía conducir a desastres en los momentos críticos de la lucha de clases. Asimismo, nos oponemos a la caracterización de los pequeños grupos de propaganda como "partidos", que no sólo falsifica la idea misma de un Partido de la Clase Trabajadora sino que también desorienta a los propios revolucionarios con respecto a sus propias tareas y prioridades.

57. El núcleo de la estrategia marxista para el logro del socialismo siempre ha sido el reconocimiento de la necesidad de fusionar las conquistas teóricas del movimiento socialista, que históricamente fueron desarrolladas por intelectuales, con los elementos principales de las organizaciones y los movimientos de la clase obrera. En el desarrollo de esta fusión pueden verse históricamente distintas etapas o fases; empezando por un muy pequeño número de intelectuales revolucionarios comprometidos con la causa de la clase obrera que forman una corriente ideológica y comienzan la tarea de impulsar el programa revolucionario dentro de la clase obrera, hasta los grupos de propaganda capaces de dar los primeros pasos en el desarrollo de los cuadros de la clase obrera y, más tarde, del partido, predominantemente compuestos por activistas de la clase obrera y que constituyen una corriente política reconocida dentro de la clase obrera. La consecución de un partido revolucionario de masas es, entonces, un producto de la exitosa intervención de los cuadros del partido en una situación de grave crisis social en la que son capaces de asegurar el liderazgo de las secciones principales de toda la clase obrera.

58. El tempo de este desarrollo está necesariamente ligado al tempo de la lucha de clases, lo que también puede significar que algunas de las tareas de una etapa pueden necesitar ser realizadas en otra o, frente a una derrota, repetirse, como sucedió con las secuelas de la Segunda Guerra Mundial y, de nuevo, tras el colapso de los estados obreros degenerados. En cada una de estas fases de desarrollo, la tarea de la corriente revolucionaria es, en efecto, la lucha por el liderazgo de la clase contra otras corrientes que, en su política, expresan la influencia de otras clases dentro de la clase obrera. Al igual que el liderazgo es determinante en cualquier expresión particular de los conflictos de clase, cuando las crisis del capitalismo amenazan el futuro de la sociedad en su conjunto y el progreso depende del derrocamiento del capitalismo, la habilidad de las de las fuerzas revolucionarias para ganar el liderazgo se convierte en decisiva o, como el mismo Trotsky expuso en relación al período inmediatamente anterior al estallido de la Segunda Guerra Mundial , "La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria".

59. Aunque diversas formas organizativas; círculos de debate, grupos de estudio, redes y conferencias, puedan proporcionar entornos en los que los revolucionarios puedan clarificar su programa y reclutar para sus filas, no son más que medios para servir al objetivo final, que es la siguiente etapa adecuada en el desarrollo de un partido revolucionario. De manera similar, donde se forman grandes partidos políticos o alianzas que abarcan un amplio espectro de las corrientes políticas del reformismo y del centrismo de izquierdas, los revolucionarios deben entrar en ellas para intentar ganarlos para el programa revolucionario. Sin embargo, la formación de tales partidos amplios no es un objetivo en sí mismo ni una etapa necesaria a través de la cual la construcción de un partido revolucionario tenga que pasar.

60. El centralismo democrático en la tradición de Lenin sigue siendo la única base posible para los partidos revolucionarios y para la internacional revolucionaria. El federalismo dentro de un partido internacional o nacional otorga autonomía efectiva a las secciones o a las organizaciones regionales. Niega el centralismo democrático y crea bloques potencialmente antagónicos que inevitablemente chocan y se fracturan, como se demostró tanto en el Comité Internacional como en el Secretariado Unificado. Para que el centralismo democrático se mantenga debe basarse en un programa revolucionario que defina la estrategia y las tácticas de la organización a través del cual se puedan pedir cuentas al liderazgo. A través de la implementación disciplinada de la política y la revisión y desarrollo democráticos del programa, la organización del partido centralista democrático maximiza su efectividad e integra su experiencia colectiva de la lucha de clases. De esta manera se pueden corregir errores, asimilar nuevas experiencias y entrenar nuevos cuadros. Dentro de centralismo democrático es necesario el derecho de grupos de compañeros a formar facciones o tendencias para asegurar una discusión sistemática y exhaustiva de las diferencias. Sin embargo, la existencia de facciones permanentes indicaría diferencias fundamentales de programa o, peor aún, la formación de camarillas. En tal situación, sólo el más minucioso, y de acuerdo a principios, examen de los problemas puede devolver la salud a la organización, si es necesario a través de una separación organizacional, es decir, una escisión.

Centrismo
61. Todas las principales corrientes "Trotskistas" de hoy en día son centristas. Es necesaria una lucha intransigente contra ellas. Algunas pueden estar más a la izquierda que otras, pero no hay un ala izquierdista estable o consistente del trotskismo con quien volver a unificar, reconstruir o incluso refundar la Cuarta Internacional. Trotsky mismo habría sido esquivo a la idea de refundar una internacional que ha estado muerta como fuerza revolucionaria durante sesenta años pero ha permanecido activa, a pesar de su fragmentación, difundiendo confusión centrista durante todo ese tiempo. La tarea es fundar una nueva internacional, sucesora y continuadora de la obra de las cuatro anteriores, sobre un programa reelaborado leninista-trotskista: una Quinta Internacional.

62. El centrismo oscila entre reforma y revolución. La degeneración de las organizaciones revolucionarias produce un viraje a la derecha hasta descender al centrismo. Las luchas y las crisis revolucionarias dan lugar a movimientos del reformismo hacia la izquierda que, si no alcanzan inmediatamente el comunismo, pueden constituir organizaciones centristas de izquierdas. Debemos combinar una lucha sin piedad contra el centrismo de derechas, que se está alejando de marxismo, con un intento serio de ganar para el comunismo consistente a las organizaciones centristas moviéndose hacia la izquierda, hacia una organización trotskista renacida.

63. Cada centrismo específico lleva las marcas de su origen. Al centrismo origen socialdemócrata y estalinista se ha agregado el centrismo de origen trotskista. Éste ha tomado generalmente la forma de un " centrismo osificado", aislado de las luchas de masas de la clase obrera, incapaz o indispuesto a probar sus políticas en la lucha, y relativamente impermeable al cambio. El centrismo de origen "Trotskista" no es inherentemente más progresista que cualquier otra forma de centrismo. En los levantamientos masivos que siguieron al colapso del estalinismo, todas las formas de centrismo fueron puestas a prueba y se mostraron defectuosas. Rechazamos cualquier noción de la evolución espontánea o automática del centrismo hacia el comunismo revolucionario. La lucha contra el centrismo debe ser consciente y ocasionar una ruptura con el mismo y un reconocimiento de dicho centrismo como una condición pasada de una organización o corriente: debe establecerse un balance autocrítico. Como dijo Trotsky, "el centrismo odia que le llamen así."

La globalización y su crisis
64. Sean las que sean las reivindicaciones de los apologistas capitalismo, el colapso final de los estados obreros degenerados no anunció una época totalmente nueva para el mismo, mucho menos "el final de la historia". Aunque significó la definitiva eliminación de los restantes avances logrados por la revolución rusa, no marcó el final de la "Época de Octubre" si por eso se entienden los principios de la división entre las fuerzas revolucionarias y las reformistas. Sin embargo, sí creó poderosas fuerzas compensatorias que permitieron al imperialismo, sobre todo al imperialismo estadounidense, posponer el inicio de una crisis de sobreacumulación y caída de las tasas de ganancia que se había estado desarrollando desde principios de los.

70. El período de la "globalización" fue un período dentro de la época del imperialismo. Se caracterizó particularmente por un incremento en el alcance del capital financiero de Estados Unidos. La aplicación del "Consenso de Washington" y los programas de ajuste estructural del FMI eliminaron las barreras arancelarias y privatizaron sectores públicos en todo el mundo, permitiendo al capital estadounidense acumular ganancias sin siquiera abordar la caída de las tasas de ganancia en su economía.

65. El logro por parte de Estados Unidos de una absoluta supremacía global no significó, sin embargo, una "Pax Americana" global. Por el contrario, la agresión de Estados Unidos, tanto económica como militar, generó una gran variedad de movimientos hostiles alrededor del mundo, incluyendo en los Estados Unidos mismos. Esto incluyó desde conflictos militares a movimientos populares de masas y, en conjunto, creó una oportunidad para que la Izquierda se regenerase en una escala no vista desde finales de los 60s. Las principales fuerzas establecidas dentro de la clase obrera, sin embargo, no tenían ningún programa que pudiera proporcionar liderazgo a estos nuevos movimientos en sus luchas contra el capitalismo. Los partidos estalinistas no estaban sólo desmoralizados por el colapso del bloque soviético, sino que hacía ya tiempo que habían comenzado a desintegrarse, la mayoría se transformaría en partidos socialdemócratas, mientras que la socialdemocracia y el laborismo "tradicionales" se comprometían ahora a presentarse como los agentes preferidos de la política neoliberal. Tales liderazgos, junto con las corrientes centristas que se negaron a romper con ellos, eran todavía lo suficientemente potentes como para evitar que los nuevos movimientos libraran una lucha efectiva contra el capitalismo, creando una "crisis de liderazgo" comparable a la descrita por Trotsky en los años treinta.

66. Un partido Trotskista digno de tal nombre habría sido capaz de intervenir en estos movimientos utilizando todas las adaptaciones tácticas necesarias, de acuerdo a principios, para establecer una conexión con una floreciente, pero políticamente rudimentaria, generación de activistas. En cambio, una minoría de centristas de origen trotskista se retiraron a posiciones sectarias que les permitieron permanecer aparte de las luchas reales afirmando, por ejemplo, que la cuestión nacional ya había sido reemplazada o que los sindicatos se habían vuelto organizaciones totalmente burguesas comprometidas con el engaño y la mala dirigencia de los trabajadores. La mayoría, sin embargo, se acomodó acríticamente a la multiplicidad de programas pequeño-burguesas generados por los nuevos movimientos.

67. Fiel a su estilo, el más extravagante auge del imperialismo, avivado por el crédito y un suministro, aparentemente interminable, de mercancías baratas de China, resultó ser el preludio de su crisis más dramática. Cada vez más incapaz de obtener una adecuada rentabilidad de la inversión en la producción, el capital estadounidense creó mayores y mayores volúmenes de capital ficticio en la forma de instrumentos financieros derivados cada vez más complejos. La "crisis crediticia" de 2007 señaló el reconocimiento de que, a pesar de su valor nominal, la mayoría de estos instrumentos eran, en realidad, inútiles y que, por tanto, las instituciones que los mantenían estaban potencialmente en bancarrota. Las quiebras reales de grandes entidades financieras, como Bear Stearns y Lehman Brothers, llegaron a su debido tiempo. La subsiguiente recesión trajo consigo un ataque violento en todo el mundo contra los niveles de vida de la clase obrera cuando los estados capitalistas "rescataron" a los bancos o financiaron programas de estímulo y luego obligaron a los trabajadores a pagar el costo a través de recortes salariales, reducción de servicios y aumentos de impuestos.

68. En país tras país, a pesar evidente voluntad de la clase obrera de resistir este ataque, las políticas de los gobiernos han sido implementadas por el rechazo de los líderes perennes de las organizaciones obreras, sindicato y partido, a permitir una contraofensiva determinada y efectiva. Demasiado a menudo, esos líderes han mostrado connivencia en la ejecución de dichas políticas en un intento de conservar sus propias posiciones privilegiadas y, a lo sumo, alguna ventaja relativa para una minoría aristocrática de trabajadores. En estas circunstancias, debería ser la máxima prioridad de los revolucionarios luchar por la formación de partidos revolucionarios de la clase obrera alrededor de un programa de acción de las reivindicaciones inmediatas y transicionales. Sin embargo, ninguno de los partidos que se caracterizan a sí mismos como trotskistas ha aplicado esta estrategia. Como mucho, han promovido la formación de nuevos partidos sobre programas inadecuados, siguiendo de manera acrítica a líderes de "izquierda" en lugar de plantearles demandas y alentar a sus seguidores a actuar a pesar de ellos, y si es necesario, en su contra.

69. Sin embargo, ni el imperialismo ni el gran capital han sido capaces de diseñar una recuperación sostenida o infligir derrotas históricas a la clase obrera en una escala que permitiera una auténtica restauración de sus tasas de ganancia. En consecuencia, se avecinan más y mayores batallas que estimularán el crecimiento de nuevas corrientes políticas, tanto dentro como fuera del entorno "Trotskista", comprometidas no sólo con la resistencia efectiva sino también con el derrocamiento del sistema que crea este tipo de crisis. Este es el contexto en el cual una corriente revolucionaria internacional debe aprovechar las lecciones de las cuatro internacionales revolucionarias en las luchas de clase en curso, a medida que ocurren, y construir una Quinta Internacional que finalmente pueda arreglar cuentas con el capital.

Aprobado por el IX Congreso, abril de 2013