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La crisis de la Unión Europea y las tareas de la clase obrera

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La Unión Europea se enfrenta a la crisis más profunda de toda su historia. A principios de siglo se fijó a sí misma la meta de convertirse en la potencia económica “más dinámica” del mundo. La Agenda de Lisboa y la Constitución Europea pretendían impulsar una más profunda integración económica, social y política del continente.
Esto habría completado lo que los imperialismos alemán y francés planearon alcanzar después de la caída del muro de Berlín: la expansión de la UE hacia el Este y la introducción del Euro, es decir, establecer una Unión Europea que, bajo su control y hegemonía, pudiera ser un rival viable para los Estados Unidos y otros competidores en la lucha por la dominación global.

En cambio, desde la crisis financiera de 2007-2008 y la posterior recesión mundial, la Unión Europea misma se ha convertido en un centro de agitación mundial. El imperialismo alemán fue capaz de imponer el costo de la crisis a los estados europeos más débiles, particularmente en la Europa Meridional. Todo el régimen del Euro se convirtió en un mecanismo que aumentó la desigualdad entre los países de la Unión. La "crisis de la deuda" del sur de Europa permitió al imperialismo alemán y a sus aliados más cercanos convertir a Grecia en un protectorado de la UE y, en gran parte, imponer su política en países como Italia, España y Portugal.

La crisis, sin embargo, también reveló las debilidades de la UE y su poder dominante. La política adoptada para rescatar a los grandes monopolios y al capital financiero del corazón de Europa y la actual austeridad impuesta no solo en el sur de Europa, sino también en Francia, aumentarán las tensiones internas.

La así llamada "crisis de los refugiados", es decir, la efímera capacidad de los refugiados, que huían de guerras y de la pobreza, de buscar seguridad en Europa, destacó las crecientes contradicciones internas de la UE. Se reveló claramente que está todavía lejos de ser un supra estado. También quedó claro que, mientras que Alemania es claramente la más fuerte potencia imperialista dominante, su capacidad para imponer su política en la Unión Europea como un todo está limitada.

Mientras que el acuerdo con Turquía será presentado por Merkel y el Gobierno Alemán como una "victoria" de su posición, realmente demostró la capacidad de los países más pequeños para obstruir la solución que el Gobierno Alemán y figuras clave de la UE querían imponer.

Además, las crisis en Ucrania y en el Oriente Medio también han demostrado que la UE no puede desempeñar el papel unificado y activo en asuntos exteriores del que Alemania, en particular, tiene intención. En Ucrania, los Estados Unidos fueron capaces de aprovechar el conflicto interno para abrir una "nueva guerra fría" y así forzar a sus "aliados" europeos, y sobre todo a Alemania, a poner fin a su "alianza estratégica" con Rusia, al menos por el momento. Por otra parte, en Oriente Medio, Rusia emergió como la potencia dominante en el conflicto sirio.

Ahora, con la posibilidad de un Brexit británico, se avecina otra crisis en el horizonte de la UE. Mientras que hace algunos años un bien engrasado eje franco-alemán podría, de hecho, haber estado contento de deshacerse del imperialismo británico como un obstáculo pro-Estados Unidos, ahora, la salida del Reino Unido se consideraría una catástrofe por el capital financiero en Europa y los principales gobiernos imperialistas.

Divisiones dentro de los estados y clases dominantes

Mientras que la Unión Europea y el Euro bien pueden "sobrevivir" a los desafíos de hoy, está claro que la acumulación de crisis, obstáculos y fracasos y la posición de la UE y sus principales potencias siempre detrás de los Estados Unidos y China, están obligando a las clases dominantes y a los líderes burgueses de Alemania, Francia y Reino Unido, en particular, a reconsiderar sus estrategias europeas y mundiales.

Las relaciones entre estas tres potencias imperialistas son la clave de la pregunta sobre si, y cómo, se puede continuar la integración capitalista europea. En los días de Kohl & Mitterrand o Chirac & Schröder, el eje franco-alemán fue el "motor de Europa". Tenía un objetivo común y funcionaba como un "núcleo" de la UE. Hoy, este "eje" está en problemas. Reino Unido, por el contrario, está reconsiderando su posición frente a Estados Unidos y la Unión Europea.

Esto significa que estamos siendo testigos, no sólo de una lucha entre estados nacionales y las clases dominantes sobre el futuro de Europa, sino también una lucha dentro de las clases dominantes y entre las distintas facciones del capital sobre su futura dirección. En el actual período de crisis, en su lucha por reorganizar Europa y volver a dividir el mundo, los propios capitalistas se enfrentan a una crisis política, una crisis de sus estrategias históricas.

En última instancia, esto refleja la incapacidad de las burguesías para unir Europa. La UE y el Euro mismos son un resultado del desarrollo de las fuerzas productivas más allá de las fronteras nacionales. Por supuesto, las facciones importantes de capital y los estrategas imperialistas de todos los estados importantes (y gran parte de las élites en las más débiles semi-colonias) todavía se aferran a la UE. Son plenamente conscientes de que la ruptura de la Eurozona o de la Unión probablemente debilitaría aún más su posición en el mercado mundial.

Al mismo tiempo, los intereses nacionales de las clases dominantes y las contradicciones entre las principales potencias imperialistas amenazan con separar Europa una vez más. Bajo el capitalismo, una mayor unificación sólo podría lograrse por la subordinación de los estados semi-coloniales de la Unión Europea y Europa, una intervención más dinámica en la economía global y una cada vez más evidente intervención política y militar en la lucha por un nuevo reparto del mundo. Más aún, esto sólo puede ser alcanzado por una burguesía imperialista que establezca su dominio sobre las otras potencias históricas. Es el antagonismo entre las potencias, Alemania, Francia y Reino Unido, lo que es el principal obstáculo para unir a Europa de una manera orgánica y duradera.

Para los capitalistas alemanes, pero también para las otras burguesías imperialistas, está quedando claro que la Unión Europea, el Parlamento Europeo y las "Instituciones Europeas" en general, no se desarrollarán de forma orgánica en una "Alemania más grande" a pesar de la posición económica dominante de ese país. El tiempo se está acabando, puesto que las contradicciones internas de la UE la llevarán a caer más y más tras los Estados Unidos y China. Por ello se necesita una "nueva" estrategia. Esto podría ser un firme impulso del imperialismo alemán para convertir su papel económico en un dominio político y militar pero, como podemos ver con la política del Banco Central Europeo, o la fortaleza financiera de Reino Unido, incluso su predominio económico dista de ser absoluto.

Por lo tanto es muy probable un período de reajuste entre Alemania, Francia y Reino Unido y un avance hacia alguna reconfiguración de la UE, aunque de forma eventual; pero la futura relación con Estados Unidos, China y Rusia sigue siendo confusa y no se establecerá sin más confrontaciones y crisis.

El creciente intervencionismo imperialista de Francia en su zona de influencia histórica, con tropas en los territorios de Malí y la República Centroafricana, así como la campaña de bombardeos en Siria y las intervenciones clandestinas en Libia, es sin duda una muestra de este período de reajuste. También muestra una conciencia renovada de la burguesía francesa de que un dominio continuo y reafirmado sobre lo que queda de sus colonias podría ser crucial para su futuro como potencia imperialista.

En el marco de la UE, pero también por acuerdo entre los "tres grandes", podemos esperar más intervenciones en el "extranjero cercano". Claramente, el acuerdo entre la UE y Turquía para sellar las fronteras europeas también refleja la ambición de Alemania de jugar un papel más prominente en el nuevo reparto de Oriente Medio. La política sobre Rusia, la principal potencia europea fuera de la UE, será en sí misma una fuente de tensión constante y, tal vez lo más importante, Alemania y Reino Unido están incrementando los lazos económicos con China y, con ello, posiblemente sentando las bases para una colaboración política más estrecha en el futuro, un desarrollo que Estados Unidos considera con gran preocupación.

Cualesquiera que sean los detalles, la perspectiva general para los próximos años es clara: habrá una profundización de la crisis europea, una mayor inestabilidad en Europa y se agudizarán las contradicciones entre los estados y dentro de ellos.

La "crisis del proyecto europeo", la austeridad continua en todos los países y el impulso de Alemania para dominar mejor el continente política y económicamente, han dado lugar a que sectores de las clases dominantes, apoyados por los estratos pequeño-burgués y de clase media, opten por soluciones nacionalistas.

Hemos contemplado en muchos países una subida de las fuerzas nacionalistas, populistas de derechas, racistas, de extrema derecha o incluso fascistas. Algunas desafían demagógicamente la "destrucción social" de la UE, otras, como los partidos de derechas en el poder en Europa del Este, o la AfD alemana, se adhieren a las políticas sociales ultra neoliberales. No quieren dar ni un céntimo a los refugiados o a los pueblos de Europa Meridional que han sido humillados por el capitalismo europeo. Otros, como el FN en Francia, se presentan demagógicamente como los defensores de "el trabajador francés". El racismo contra los inmigrantes y, en particular, contra los musulmanes, es una característica que les une a todos ellos. También está claro que un número de estos partidos y movimientos pueden convertirse en herramientas para ataques aún más violentos, no sólo contra los inmigrantes en Europa, sino también contra la clase obrera, a la que se hará para pagar el costo de la próxima ronda de crisis económica global.

La actual crisis política en la Unión Europea se agudizará aún más debido al estancamiento crónico del continente, la desigualdad creciente y una recesión en ciernes. Mientras que Alemania, y algunos países vinculados a su ciclo económico, han sido capaces de fortalecer su posición económica en la UE y la Eurozona, lo han hecho a expensas de un declive social y económico crónico en gran parte de Europa Meridional y Oriental. Los regímenes europeos del este y los estados bálticos han actuado, mientras tanto, como serviles discípulos del neoliberalismo, exigiendo que, puesto que su gente tuvo que soportar la devastación social de la restauración capitalista, nadie debería ser "rescatado" de su degradación.

Aunque los imperialismos alemán y británico fueron capaces de mantener aspectos clave de su poder industrial o financiero, el imperialismo francés, de todos los poderes históricos (por no hablar de Italia y España), ha sido el más afectado por la crisis económica de la UE. Durante décadas, el gobierno francés actuó como un "socio" igual, si bien menos dinámico, de Alemania; pero ahora encuentra muy difícil solo pretender ser "igual" y vender esta idea a los franceses. Ahora, pretende ofrecer a los trabajadores franceses el equivalente de la "Agenda 2010" de Alemania para compensar el terreno perdido. Sin duda, un programa de este tipo, si se aplica, sería una derrota estratégica para la clase obrera francesa. Si reactivará o no el capitalismo francés, sin embargo, es, por lo menos, dudoso.

La crisis actual también ha revelado que los "valores" de la Unión Europea y los planes para una "Europa social", que habían sido el sello distintivo de las secciones de la socialdemocracia europea en los años 90, e incluso de la democracia cristiana, han sido sacrificados hace ya tiempo. Durante la crisis de los refugiados, cualquier llamamiento de Merkel, Juncker o Schulz al resto de los líderes en nombre de los "valores europeos" fue rechazado con desprecio absoluto, revelando no sólo los límites del poder de Alemania, sino también la crisis ideológica de la Unión.

La magnitud de la crisis política será aún más evidente por la crisis económica. En los últimos años ha golpeado Europa Meridional, provocando resistencia y convulsiones masivas. Ahora está también llegando a los principales países europeos, Francia, Alemania y Reino Unido, aunque de diferentes maneras. La crisis económica que se avecina alimentará, y se sincronizará con, una crisis europea.

Claramente, las divisiones entre los gobiernos europeos y el despliegue de las contradicciones en el seno de las clases dominantes podrían haber permitido un contraataque concertado por parte de la clase obrera y los oprimidos. En vez de eso, sin embargo, los sindicatos liderados por la burocracia, y los partidos reformistas de masas de tradición socialdemócrata o estalinista, han funcionado realmente como factores de estabilización para el poder burgués.
No es de extrañar, por lo tanto, que a diferencia del período inmediatamente posterior a 2007-2008, sean ahora generalmente las fuerzas reaccionarias, nacionalistas y racistas las que están ganando con esta crisis. Este es el resultado de importantes derrotas en el último período y de un continuo declive del movimiento obrero "tradicional", la erosión del sindicalismo y de la representación de la clase obrera y, en última instancia, de los partidos que descansaban histórica y orgánicamente sobre la clase obrera.

La clase obrera entra así en este período en una posición debilitada y casi paralizada como "fuerza europea". Por supuesto, vemos la continua lucha defensiva en Grecia contra las reformas de las pensiones, pero se libra en el marco de una derrota estratégica que la clase obrera griega sufrió después de la traición del Oxi y con la instauración del segundo gobierno de Syriza & Anel.

El movimiento hacia la derecha del reformismo

Éste fue el punto álgido de una serie de traiciones por parte de las actuales direcciones de la clase obrera en Europa. No porque los dirigentes de Syriza sean de ningún modo peores que los reformistas de otros países, sino porque su ascenso, y el período pre-revolucionario que abrió, habían planteado la cuestión de un gobierno de los trabajadores y una solución revolucionaria a la crisis. La derrota tuvo importantes consecuencias reaccionarias no sólo en Grecia sino en todo el continente.

Esta derrota, sin embargo, no significa que se excluyen nuevas erupciones de la lucha de clases en los próximos años. Por ejemplo, en Francia es de esperar una nueva ola de ataques contra la clase obrera después de las próximas elecciones presidenciales del año 2017, y esto podría desencadenar grandes movimientos de resistencia. Hoy mismo ya se da parcialmente el caso con el movimiento contra la nueva ley laboral (Ley El Khomri), que sigue creciendo y plantea la posibilidad de una lucha unida de la juventud y la clase obrera. Al mismo tiempo, las traiciones y los sabotajes de los líderes reformistas podrían, otra vez, socavar la confianza y la capacidad de lucha de la clase obrera, si no surgen alternativas revolucionarias.

Durante el período de crisis, los sindicatos controlados burocráticamente y los partidos socialdemócratas reformistas de masas, por lo general, han sufrido un declive y un giro hacia la derecha. Incluso donde comenzaron prometiendo algún tipo de desafío, como Hollande en Francia, rápidamente se rindieron a la clase dirigente y se volvieron contra su propia base de clase obrera.

Bajo la actual crisis, los líderes reformistas, por lo general, buscaron una alianza con "su gobierno", con su burguesía. Se negaron a ofrecer resistencia sobre ninguna de las cuestiones políticas más importantes. Frente a la creciente intervención imperialista y el crecimiento de la militarización, permanecieron en silencio, en el mejor de los casos. La mayoría de ellos apoyó a la OTAN y las intervenciones de "sus" Estados en el Oriente Medio, en África y en Ucrania. Una minoría de ellos mostró objeciones pacifista pero no hemos visto ninguna movilización de masas. De hecho, cuando se trata de la "guerra contra el terrorismo", los movimientos obreros y sus organizaciones han respaldado el recorte de los derechos democráticos rozando el racismo anti-musulmán, forjaron alianzas contra-natura con sus clases dirigentes e incluso respaldaron la imposición de estados de emergencia, como en Francia. Durante la "crisis de los refugiados", no salieron a la calle en solidaridad con los migrantes y los refugiados a derribar los muros de la fortaleza europea, sino que terminaron o bien apoyando a Merkel y su llamada a la inmigración "controlada", o incluso encabezaron el cierre de fronteras, como el gobierno de Austria.

Esta política social-chauvinista ha dividido todavía más a la clase obrera y a los oprimidos. Los refugiados, inmigrantes y jóvenes son sus primeras víctimas. Esto conducirá a más divisiones entre las masas de trabajadores en toda Europa. Ha habido una vuelta masiva a las soluciones nacionalistas, ligando su propio destino al del capital nacional bajo la ilusión de que los gobierno británico, francés, alemán, sueco o austríaco de alguna manera son un mal menor que el "lejano" burócrata de Bruselas.

La elección de Jeremy Corbyn en el partido laborista británico fue una excepción a esta tendencia, por la cual cientos de miles de simpatizantes derrotaron al aparato de la derecha y al partido parlamentario. Pero incluso esto puede ser sólo una victoria temporal si no hay una ruptura decisiva con el ala derecha del partido y la burguesía británica y se supera el sometimiento al aparato burocrático. Aunque esto será una tarea difícil de lograr, es el deber de los revolucionarios participar sin dudarlo en la lucha. Tienen que unir fuerzas con los partidarios de Corbyn contra el ala derecha, rechazando cualquier concesión a los mismos y, al mismo tiempo, exponer las limitaciones de la propia estrategia Corbyn y del programa del reformismo (de izquierdas).

La traición de Syriza, el movimiento hacia la derecha del partido populista Podemos y, en general, la política de los partidos de izquierda europeos, demuestran que, al final, el reformismo y el Keynesianismo son incapaces de dar una respuesta a la clase obrera en Europa o en cualquier lado. Su lema fundamental fue la convocatoria por una Europa "social, democrática, ecológica, feminista, anti-racista...", en otras palabras, una Unión Europea reformada basada en un "mercado social" que, supuestamente, "contendría" el poder del capital financiero.

La quiebra de esta política fue revelada a millones de personas en los últimos años. Sólo un número decreciente de reformistas o "marxistas erráticos", como Varoufakis, quieren revivir este programa, tratando de insuflar nueva vida a un cuerpo muerto.

Irónicamente, la corriente principal del reformismo europeo se ha centrado en la salvación de un cadáver diferente, que ya había sido enterrado hace mucho tiempo: el estado nacional independiente. Si la reforma de la UE capitalista no funciona, ¿por qué no deberíamos re-capturar nuestro "propio estado"? Mientras que los revolucionarios defienden (aunque no abogan por) el derecho de cada nación a abandonar la Unión Europea y reconocen que la UE no puede reformarse, rechazan la noción utópica y reaccionaria de que la alternativa es volver a los muchos estados capitalistas "independientes" con sus monedas nacionales y los bancos «independientes», sus controles fronterizos y la abolición de la libertad de movimiento en todo el continente. Todas estas medidas son completamente reaccionarias e impondrían más obstáculos en la lucha unida de la clase obrera y los oprimidos por toda Europa.

Los revolucionarios necesitan plantear contrapropuestas a esta respuesta reaccionaria a la UE capitalista, la lucha conjunta por la extensión de los derechos democráticos y sociales en todo el continente, la apertura de fronteras, la eliminación de los tratados de austeridad, la lucha contra la guerra y la intervención imperialista. Tienen que convocar a una acción unida pan-europea y exigir a los sindicatos y partidos de masas de la clase trabajadora que rompan con "sus" burguesías y movilicen a sus millones de miembros en tales luchas.

Una vez que tales luchas asuman un carácter masivo, en la forma de huelgas de masas, de ocupaciones, volverán a colocar en la agenda la cuestión del poder. Se planteará una vez más, como en Grecia hasta mediados de 2015, la cuestión de los gobiernos de los trabajadores, es decir, gobiernos que rompan con la clase dominante, que implementen un programa de emergencia para la clase obrera, los campesinos y los pobres; un programa para tomar el control de las finanzas y la industria de las manos de la clase dominante, para la expropiación bajo control obrero y con una planificación democrática para satisfacer las necesidades de las personas. La lucha de clases en Grecia ha demostrado que esto sólo es posible sobre la base de órganos de lucha – consejos de acción y organismos de tipo soviético (consejil) – que puedan unir a los trabajadores y a las masas oprimidas, movilizarse contra la clase dirigente y tomar el poder en sus manos. Se ha demostrado que ningún resultado revolucionario es posible sin la creación de las milicias de trabajadores y de los consejos de soldados de tropa en el ejército para romper el aparato represivo de la burguesía. Solo un gobierno obrero basado en tales órganos podrá impedir los ataques contrarrevolucionarios de la burguesía, las fuerzas del estado y sus aliados y apoyos imperialistas.

La historia ha demostrado que un programa de este tipo no puede aplicarse en un solo país. Incluso la más poderosa economía europea, Alemania, se precipitaría en el caos, pérdidas y conflictos, si se cortan sus vínculos con los demás países europeos. La clase obrera de Europa no tiene ningún interés en convertir el continente en un mosaico de grandes y pequeños estados capitalistas. Por el contrario, la clase como un todo y cualquier gobierno de los trabajadores que pudiera ser creado en un país, debe luchar para reorganizar todo el continente, económica y políticamente. Esto puede hacerse sólo uniendo el continente bajo el poder de los trabajadores, con la lucha por, y la creación de, unos Estados Socialistas Unidos de Europa.
Un partido para luchar por la Europa socialista

Los reformistas han renunciado hace mucho tiempo a la lucha por el socialismo. Oscilan entre utopías burguesas "pan-europeas" y la ruta de la "reforma nacional". Pero ¿qué alternativa presentaron la extrema izquierda o la izquierda anticapitalista? Ninguna. Así como los reformistas secundan a las diferentes facciones de la clase dominante y sus políticas, la extrema izquierda, en general, secunda a los reformistas. Se diferencian principalmente en su elección de a quién secundar.

Durante un largo periodo, gran parte de la "extrema izquierda", en particular las secciones de la "Cuarta Internacional", han hecho seguidismo de los defensores reformistas de la "Europa social". Esto se corresponde con su apoyo a la creación de "grandes partidos de izquierda" que incluirían a todas las corrientes del movimiento obrero en un estado de coexistencia pacífica sobre la base de un programa reformista.

Ya que más y más secciones de los partidos europeos de izquierda y populistas han abandonado esta postura, un número de grupos de "extrema izquierdos" han pasado a abogar por abandonar la UE. Mientras que los reformistas dicen que esto facilitaría la realización de un programa reformista a través de una serie de medidas económicas keynesianas, un número cada vez mayor en la "extrema izquierda" afirma que se trata de un más fácil “camino al socialismo". Para ellos el capitalismo no es un sistema internacional sino, más bien, una colección de estados nacionales y, por lo tanto, el internacionalismo, en definitiva, es sólo una colección de las luchas de clase nacionales. Al final, estas son imitaciones de última hora de la utopía estalinista del "socialismo en un solo país".

Los defensores de una «Europa social» y los de la salida de la UE difieren mucho menos sobre dos temas clave de lo que están dispuestos a admitir. Realmente ambos grupos jalean un programa reformista. En segundo lugar, ambos sostienen, por lo general, que la lucha por un programa revolucionario para tomar el poder y por los Estados Socialistas Unidos de Europa no es posible por el momento. Incluso donde no lo rechazan directamente, efectivamente ven la lucha por una Europa socialista como una tarea para un futuro más o menos lejano. Afirman que sólo un programa para reformar la UE o para luchar por mejores condiciones en el terreno nacional es "realista". Al final, estas estrategias son caminos a ninguna parte.

Si las clases trabajadoras de Europa quiere evitar la fragmentación del continente y la vuelta a la colección de pequeños estados en crisis y potencias cada vez más desesperadas dispuestas a utilizar cualquier medio para lograr la dominación que provocó dos guerras mundiales, deben agruparse en torno a un programa para unir el continente sobre la base del poder de la clase obrera con propiedad pública de la economía bajo control obrero y una planificación democrática.

Para esto, sin embargo, la clase obrera necesita nuevas organizaciones políticas, nuevos partidos revolucionarios en cada país y una nueva Quinta Internacional. En la última década, la clase obrera europea, la juventud, la izquierda, han perdido un tiempo precioso. La Europa capitalista está en crisis y nuestros gobernantes están preparando una reacción de pesadilla, como podemos ver en las fronteras de la UE o en el crecimiento de la ultraderecha, las intervenciones imperialistas en África y Oriente Medio, la devastación social en Europa Meridional y del Este y los próximos ataques sociales y políticos.

Por lo tanto, hacemos un llamamiento a los revolucionarios y anticapitalistas para unirse en esta tarea, para elaborar un programa de acción ¡por la transformación socialista de Europa! ¡Únete a nosotros en esta tarea!