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Victoria a la Revolución Libia

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La rebelión contra la dictadura de Gadafi merece nuestro apoyo incondicional y esto no cambia por la decisión de la ONU, escribe Peter Main

Aquellos que se oponen a los estados poderosos tienen el derecho a conseguir armas dondequiera que puedan y aprovechar cualquier debilidad de sus opresores. Esto sigue siendo cierto incluso cuando las debilidades son el resultado de la acción imperialista. Si, al amparo de la zona de exclusión aérea, los revolucionarios y los insurgentes libios pueden retomar posiciones, socavar la moral o la lealtad de las tropas de Gadafi e incluso avanzar sobre la capital, Trípoli, eso es un paso adelante para la Revolución Libia y debe celebrarse.

Al mismo tiempo debemos oponernos a los ataques de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. El ataque imperialista permite a Gadafi posar en su país como defensor de la nación. Le proporciona una causa popular donde antes no tenía ninguna. Ahora puede intentar recuperar a parte del pueblo y desplegarla contra la revolución.

Obviamente, los imperialistas están buscando aliados potenciales dentro de la oposición a Gadafi, con quienes puedan llegar a un acuerdo que garantice sus propios intereses. Tal acuerdo podría incluso incluir a elementos de la actual administración de Gadafi. La composición exacta del Consejo Nacional de Transición de Bengasi no está clara, pero es probable que contenga a figuras listas para llegar a un acuerdo y establecer un nuevo régimen no mejor que el de Gadafi.

Sin embargo, reconocer el peligro no es lo mismo que llegar a la conclusión de que es inevitable. En el “aquí y ahora”, la tarea principal de los revolucionarios en Libia es fortalecer el papel y la capacidad de la clase obrera y de los pobres urbanos en la lucha contra Gadafi. Ellos necesitan construir sus propias organizaciones, sindicatos, grupos de mujeres de la clase obrera, comités de barrio y su propia milicia.

Estas organizaciones son necesarias ahora en Bengasi contra Gadafi - y pueden ser necesarias mañana contra los que se han comprometido con los imperialistas, e incluso contra los imperialistas mismos. Pero lo primero es lo primero. Hoy la población se ha movilizado contra Gadafi, pero está liderada por dirigentes irresponsables y autoproclamados, los trabajadores deberían exigir que estas personas se subordinen al control popular; hacer públicas sus reuniones, informar sobre sus decisiones, y ¡vetarlas si no significan progreso para la causa!

Al igual que Gadafi, al igual que los imperialistas, los trabajadores de Libia necesitan aliados internacionales. Deberían volverse primeros hacia sus vecinos, los trabajadores de Egipto y Túnez y del resto del Mundo Árabe. Una vuelta atrás en Libia sería una amenaza para los progresos de las revoluciones en toda la región. Igualmente, el apoyo de los trabajadores de la región a la Revolución Libia podría dirigir la marea no sólo contra Gadafi, sino también contra los planes de los imperialistas.

La velocidad de los acontecimientos en Libia subraya la necesidad de que la clase obrera desarrolle su propia organización política y su propio liderazgo, un partido revolucionario comprometido no sólo en derrocar a Gadafi a través de las movilizaciones de la clase trabajadora y sus organizaciones, sino en poner el poder en manos de dichas organizaciones. Sólo esa estrategia, la estrategia de la revolución permanente, puede internacionalizar la Revolución y defenderla contra la contrarrevolución y los imperialistas.